sábado, 6 de septiembre de 2014

RECITAL DE JM SORIANO DEGRACIA Y JL GARCÍA HERRERA EN EL LABERINTO DE ARIADNA

El pasado viernes 5 de septiembre, el poeta de Alcañiz José Manuel Soriano Degracia y yo, José Luis García Herrera, tuvimos la oportunidad de recitar en el Ateneu Barcelonès, en el Aula dels Escriptors de la ACEC, invitados por el colectivo de escritores El laberinto de Ariadna que dirige el magnífico poeta, y espléndido amigo, Felipe Sérvulo.

Felipe Sérvulo, José Luis García Herrera y José Manuel Soriano Degracia

Fue una experiencia hermosa y muy gratificante. En un ambiente de buenos amigos y amantes de la poesía (como los quería García Lorca) los versos de nuestros poemas fluyeron de forma natural, con la pasión, la ternura, la crudeza, la profundidad filosófica que les correspondían. Nos sentimos, José Manuel y yo, espléndidamente. Ante un público que nos acogió con tanto cariño no podía ser de otro modo. Para mí fue un placer enorme que la poesía de José Manuel fuese conocida y admirada como se merece. Es un gran amigo. Pero, por encima de eso, es un grandísimo poeta. Aquí os dejo un poema suyo que me encanta. Y os dejo un poema mío. Espero que os gusten.

Semillas

Amelia sembraba semillas en el jardín.

Las cubría de tierra con el calor de sus manos
mientras me explicaba que el tiempo,
el mimo y el agua,
las convertirían en hermosas criaturas de colores.

A la mañana siguiente
abrí un pequeño surco con mis dedos
y sin que nadie me viera
sembré una semilla
que había dibujado en un cartón.

Transcurridos unos años aún sonrío al recordarlo:

todo era verdad,
el tiempo transformó
aquella semilla en estas palabras.

José Manuel Soriano Degracia (del libro Leuret, 2014)

En el juego de la vida 

En el juego de la vida, ausente de mí,
los dados tiemblan en mi mano.
Cualquier número, no importa,
caerá del lado de la muerte.
Ésta es la suerte, hoy,
y siempre que la tarde anuncia
el final del día y ya queda, lejanos,
los gritos de los niños
en el patio, el mar de los tejados,
los amaneceres del verano,
los pasos en la grava, regresando
siempre, siempre,
hacia este juego sin luz
que ya termina.

José Luis García Herrera (del libro El lento abandono de la luz en la sombra, 2014)

miércoles, 6 de noviembre de 2013

PREMIO "GERMÁN GAUDISA" DE POESÍA, EN CHIVA

El pasado día 25 de octubre, en la localidad valenciana de Chiva, recibí el XXIII Premio "Germán Gaudisa" de poesía, dentro del marco de los Premios Otoño Villa de Chiva. Recibí el premio por mi libro El lento abandono de la luz en la sombra. Allí tuve la fortuna de conocer al gestor cultural, Francesc González, una persona volcada en el mundo de la cultura y apasionada en su labor de divulgación. También coincidí con dos miembros del jurado que, además de personas entrañables, son poetas de reconocido prestigio. Ellos son: Blas Muñoz Pizarro y Emilio Tadeo Blanco.

(Emilio Tadeo, José Luis García Herrera y Blas Muñoz)
Fue un placer enorme poder asistir al acto de la entrega de premios y poder agradecer personalmente la concesión de este premio. La sala estaba llena y había gente de pie. Siempre es muy agradable sentirse felizmente acompañado y dirigir unas palabras a unas personas que han acudido a conocer y saludar a los ganadores de esta edición.

(José Luis García Herrera, dirigiéndose al público)
Fue un acto donde, además del premio de poesía, se entregaron premios de Fotografía y de Escultura. La ganadora del premio de escultura fue Nerea Martínez Junquero, con su trabajo Yanne Ti Gometti, una hermosa escultura de una niña pensativa. Una auténtica obra de arte en todos los sentidos. Tanto en lo estético como en la manera en que fue confeccionada. Después del acto de entrega de los premios se inauguró la exposición de las esculturas presentadas a los premios.
(José Luis García Herrera y Nerea Martínez Junquero)

Aquí os dejo el poema que leí durante el acto de la entrega de premios y que pertenece al libro El lento abandono de la luz en la sombra que será publicado por la editorial Denes de Valencia.

SOBRE EL PÁRAMO AGRESTE

Escribo para no morir. Ese es mi oficio.
Unir palabras sobre una estepa blanca
donde no caben las mentiras y la verdad duele
aunque cure todas las heridas que no he visto.
Hablo contra el viento para escuchar
todo lo que he escrito antes de que el día
fallezca entre las fauces de la noche.
Son palabras que queman en la piel
los días vividos en el majal de la rutina,
en el apeadero de los sueños rotos
y en la cantina de las promesas incumplidas.
En los amaneceres de la nada escribo
para no morir, para saberme hombre
entre las calles que nadie recorre
llamándome con la voz de los milagros.
Escribo para quien, un día, quizá lejano,
encuentre entre mis versos un ápice de esa vida
que he ido dejando -gotas de sangre o tinta-
sobre el páramo agreste de todos mis silencios.

martes, 24 de septiembre de 2013

TERRITORIO PARA EL FUEGO, de Javier García Cellino

Tuve la oportunidad, y el placer, de conocer a Javier García Cellino en mi viaje a Langreo para recoger el premio de poesía "Mujeres silenciadas-Argentina Rubiera". Tuve la inmensa fortuna de disfrutar de su interesante charla, de su agudeza crítica, de su visión poética y de su hospitalidad. Como muy bien decíamos los dos (y estábamos plenamente de acuerdo) una parte muy importante de un premio reside en las personas que conoces durante el viaje y la estancia, en las vivencias que compartes y en las nuevas amistades con las que regresas. Javier es ya un amigo, una pieza entrañable en este rompecabezas que es el mundo y nuestro tránsito. Compartimos vino, amistad y poesía. Todo junto y en proporciones justas.

(Javier García Cellino)

Javier tuvo la gentileza de regalarme un par de libros suyos: Sonata para un abecedario y Territorio para el fuego, del que os voy a hablar a continuación. Javier me comentó que, en la actualidad, es con la poesía de este libro con la que se siente más afín, más identificado, más en consonancia con su visión de la vida y la manera de volcarla en un poema. Después de varias lecturas, he de reconocer que es un libro que impacta por la fuerza de sus imágenes, por la determinación sin imposturas de muchos de sus versos. Poesía esencial, poesía donde nada sobra y, sinceramente creo, nada falta. Si entendemos el fuego como elemento arrasador, que todo lo devora, podríamos acercarnos a la idea de que este territorio para el fuego, es una zona que, tras su paso, tras su reinado, terminará en cenizas. Quizá, así lo entiendo, es también una metáfora hacia ese final de camino que todo vivir, que toda vida, asume y, a su pesar, alcanza. Por esa razón, me atrevo afirmar, por la capacidad de sabiduría que da la vida, que Javier escribe los poemas con la perfección de quien conoce el territorio por el que se mueve y avanza. La noche, la lluvia, la sombra, los recuerdos, la desolación, el amor, el tiempo... son parte de ese paisaje que crece en el páramo de los poemas. Porque la sobriedad, la desnudez, el rigor, son patrimonio de esta visión certera y clarividente del poeta. Hay un trabajo enorme de elaboración del poema, de contención, de análisis. En ocasiones las palabras cierran los poemas con aristas afiladas. El poema cae sobre los ojos como un cuchillo que saja las tinieblas para que veamos la luz, para que seamos espectadores de ese fuego que devora todo cuanto fuimos, de ese lugar donde nos vela muerte y ya no estamos. Somos dueños de nada y, por contra, todo nos pertenece a través de las palabras.
Os dejo con el poema que da título al libro, Territorio para el fuego:

TERRITORIO PARA EL FUEGO

Cuando la sangre del poeta
se extingue, aparece la palabra.

Su forma es tan antigua
como el limo o la ceniza,
pero a la vez es piedra fundamental
porque ordena la materia,
fortalece la bóveda de los sueños,
hace perseverar la lámpara
de los enamorados.

Diáspora de la luz
la palabra permanece así junto al cuchillo
y su última debilidad,
el fuego.

jueves, 1 de agosto de 2013

PREMIO DE POESÍA JOAQUÍN LOBATO (4ª etapa de un viaje)

Al mediodía del domingo 21 de julio llegué a Málaga, a la zona de Pedregalejo, donde me esperaba el poeta Víctor M. Pérez Bénitez. Víctor es un poeta malagueño, nacido en Motril. Es una persona con múltiples inquietudes culturales, amante de la buena literatura, la pintura, la música y la buena mesa. En breve publicará su primer libro, que se titulará Diverso y que, dentro de su diversidad, mostrará la obra de un escritor que busca siempre, en cada (di)verso, una faceta de la condición humana. Víctor me entregó varios libros y plaquettes. De entre ellos, uno que aprecio en todo lo que supone, entre humano y poético: el libro Homenaje a Jorge Guillén, editado en el año 1983 por el Ayto. de Málaga y que recoge poemas de poetas espléndidos, excepcionales. Víctor me enseñó la playa de Pedregalejo, los rincones por donde suele pasear temprano -cuando las huestes del turismo aún no han invadido cada palmo de playa-, los baños del Carmen -que piden a gritos que alguien los recupere del abandono y aquel espigón donde toma un café y busca, como el buceador, bocanadas de oxígeno y de inspiración. Comimos, como corresponde, en uno de los restaurantes del paseo, frente al mar. Pescaíto frito, almejas, calamaritos y unas copas de vino blanco bien fresquito. Mantuvimos una tertulia muy agradable, charlando de lo divino, de lo humano y de la belleza (en general y en particular). Fue un auténtico placer, en aquel rincón de la bella Málaga, hablar de poesía, y hablar de Salvador Espriu y su libro La pell de brau (La piel de toro). En aquel recorrido por una zona tan malagueña como la playa de Pedregalejo, y uscando un alto donde recuperar fuerza, dimos a parar a una de las heladerías más antiguas y renombradas de Málaga, la heladería Lauri. Allí nos tomamos un batido de crema tostá que sería capaz de resucitar a un muerto. Una jornada inolvidable para un fin de semana más inolvidable aún, que permanecerá, por siempre, cosido a las solapas del corazón.
(Víctor M. Pérez Benitez y José Luis García Herrera en la heladería Lauri)

lunes, 29 de julio de 2013

PREMIO DE POESÍA JOAQUÍN LOBATO (3ª etapa de un viaje)

Amaneció radiante el domingo 21 de julio. Lucía el sol en un extremo del cielo y el día invitaba a descubrir bellos rincones de la Axarquía. Después de unas buenas tostadas con mantequilla me dispuse a recorrer caminos ignotos hasta llegar a la bella población de Comares, lugar privilegiado y de privilegios. Así que, de Vélez Málaga partí hacia Benamocarra, y de allí a Iznate. No era el camino para llegar a mi destino final, pero quería ver aquellos pueblos cercanos a Vélez. Después de unas visitas breves, pero suficiente para hacerme una composición de lugar, me dirigí hacia Benamargosa para, pasado este pueblo, iniciar las duras rampas hacia el cerro donde aposenta sus reales la villa de Comares. Una carretera de pronunciadas curvas y de pendientes rotundas. Alcanzar lo hermoso requiere esfuerzo, y allí se reafirma. Pero una vez alcanzada la cima, una vez introducido entre las callejas blancas, con ventanas floreadas, con rincones que invitan a la ensoñación... compruebas el sabor de lo auténtico, de esas pequeñas poblaciones donde el tiempo, todavía, se detiene a contemplar los caminos de antaño, las costumbres ancestrales.

Comares
Fue allí, en la plaza de Comares, frente a esta puerta de entrada al laberinto de calles y de esquinas, donde leí algunos de los poemas del libro de Joaquín Lobato, Portafolio de Roma, que con enorme gentileza me habían regalado la noche anterior en el Palacio de Beniel, después de la entrega del premio. Os dejo, con el sabor cálido de aquella mañana en Comares, este poema del ilustre poeta veleño:

Recurriré a mi ángel de la guarda clandestino
porque tengo las plantas de los pies casi abiertas
por culpa de las gastadas suelas de mis sandalias
y de los durísimos adoquines de las calzadas.
Y me siento a descansar apoyado en las barandas
mientras en el cielo se combina un rosa malva
y las luces de la ciudad encienden su armonía
cuando los gatos nocturnos pasean su nocturnidad
y ejercen su atractivo de bohemia y libertad.

Joaquín Lobato

martes, 23 de julio de 2013

PREMIO DE POESÍA JOAQUÍN LOBATO (2ª etapa de un viaje)

El acto de entrega de los premios Joaquín Lobato 2013 tuvo lugar en el Palacio de Beniel, en un hermoso edificio que recoge una sala dedicada a la figura del poeta Joaquín Lobato y otra sala dedicada a María Zambrano. Antes de llegar al palacio, y muy cerca del ayuntamiento, hay una estatua dedicada al poeta veleño. Una estatua que le representa de una manera muy jovial y que refleja muy bien, según me comentaron en un momento de la velada, el espíritu dinámico y jubiloso del poeta.

(Estatua de Joaquín Lobato)


En el transcurso del acto fueron leídos los nombres de los cuatro ganadores del premio. Dos a nivel local, de la comarca de la Axarquía, y dos a nivel nacional. Los ganadores fuimos: Ismael Minguet, en relato local, y Beatriz Serón, en el apartado local de poesía. El premio de narrativa a nivel nacional fue para la malagueña Lola Clavero y para mí fue el premio nacional de poesía. Cada uno de los premiados tuvo palabras de agradecimiento, habló sobre su obra y leyó algunos poemas o breves fragmentos de sus obras.


(los ganadores de los premios con las autoridades y algunos de los miembros del jurado)
Mis palabras fueron de agradecimiento al ayuntamiento por seguir apostando por el premio y la figura de Joaquín Lobato, a los miembros del jurado, a las personas que nos acompañaron y a mis amigos motrileños que, con su presencia, me dieron ánimo, apoyo y amistad sincera. Hablé sucintamente de mi libro, titulado La luz del frío, y leí un par de poemas para reafirmar, o confirmar, todo lo dicho.



(José Luis García Herrera)

Después de la entrega de premios, disfrutamos de un espléndido cocktail en el patio del Palacio de Beniel. Allí pudimos disfrutar de la magnífica noche veleña, de las felicitaciones y de una entrañable tertulia, pude hablar con Francisco Ruiz Noguera, un poeta que admiro y que era miembro del jurado, charlar con miembros de la organización y con personas vinculadas a la Asociación Amigos de Joaquín Lobato, que me invitaron a cerrar la noche tomando un espectacular vino de Almachar en una terraza junto a las murallas de Vélez Málaga.

(Con los compañeros de la Asociación Amigos de Joaquín Lobato)

lunes, 22 de julio de 2013

PREMIO DE POESÍA JOAQUÍN LOBATO (1 etapa de un viaje)

   Este pasado 20 de julio, muy temprano, emprendía viaje aéreo hacia Málaga, más concretamente a Vélez Málaga. Recibí una llamada telefónica el día 10 de julio comunicándome que había resultado ganador del premio de poesía "Joaquín Lobato". Así que, el motivo del viaje era, principalmente, para recoger el premio, uno de los premios más prestigiosos que se convoca en la provincia de Málaga y, también, por trayectoria y nómina de ganadores, de Andalucía.
   A mediodía, bajo un sol radiante y un cielo azul que presagiaba un día espléndido, llegué a Vélez Málaga. Pero antes, por el camino, recibí una sorpresa muy agradable: la llamada telefónica del poeta y amigo Jesús Cabezas Jiménez, quien me decía que, a las seis y media de la tarde, nos encontraríamos en un marco privilegiado como lo es el Parador Nacional de Nerja. Así que allí, frente al mar, sobre un farallón que ofrece un paisaje ensoñador y envidiable, tuve la fortuna de reencontrarme con los poeta motrileños Jesús Cabezas, Mercedes Ruiz y José Alberto Romero.
   Hablamos, principalmente de poesía, de la poesía que nos hermana, de la poesía que se escribe en Motril, de ese nuevo resurgir de actos poéticos en actos y marcos entrañables como el teatro Calderón y los rincones que rodean la iglesia de la Encarnación. Compartí con ellos vida y palabra. Y amistad. Un ráfaga cálida de una amistad honda y sonora. Viví unos momentos previos a la entrega del premio inolvidables. Nerja ya quedará, por siempre, ligada a aquellos horas de agradable tertulia, de comunicación y conocimiento, de anécdotas vitales que permanecerán por siempre en el arcón carmesí del corazón.


(De izda. a dcha., Jesús Cabezas, José Luis García Herrera, Mercedes Ruiz y José Alberto Romero)