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jueves, 14 de diciembre de 2017

PERPLEJIDADES Y CERTEZAS, de José Luis Zerón Huguet

En este nuevo libro de José Luis Zerón Huguet, Perplejidades y certezas (Ars Poética, 2017), el poeta oriolano vuelve a sorprendernos con una obra de gran madurez y versatilidad. Fiel a una concepción poética ajena a cualquier tipo de moda o corriente artística, Zerón Huguet establece una visión de la poesía, de la vida, de la naturaleza... con el sello personal con el que ha ido labrando una sólida obre literaria. Este libro, pues, viene a consolidar esa filosofía de entender el hombre como engranaje del paisaje telúrico que le rodea; esa fusión entre mirar, compartir y proteger; ese pasar por la vida añadiendo luz y vida, respetando los ciclos del ser, estar, amar, recordar y desaparecer.


                                                            (José Luis Zerón Huguet)

Los poemas, escritos en una prosa poética que destila más poesía que prosa y que se leen con aliento y alma poética, abarcan, principalmente, tres grandes líneas. Una de ellas, sería la referente a la creación poética, a ese camino doloroso del poeta que ahonda en su interior para plasmar unas emociones, unas ideas, unas emociones... que precisan marcar una manera de ser y de expresarse, una manera de entender la vida y su contexto, un modo de ubicarse en la rueda del mundo.
 
La segunda sería la celebración de la vida, con todo lo hermoso y lo devastador que supone vivir y sumar años y vida sin sucumbir en los duros momentos que se habrán de enfrentar y superar. En este sentido, son especialmente bellos los poemas dedicados a sus hijos Salutación y Vínculo. En Salutación el poeta le dice a su hijo: "Cuanto más ames mayor será tu sufrimiento, per no temas: la angustia también tiene sus esplendores". En Vínculo, Zerón Huguet aconseja a su hija que no se acostumbre a la rutina, que no sea una persona conformista: "No huyas de la pasión, no hay que temer las selvas vírgenes; aléjate, en cambio, de los territorios fijos".
 
La tercera gran línea sería la admiración y la revelación ante la grandeza de la naturaleza. Amante de la tierra oriolana, Zerón no sólo la canta en sus poemas, si no que la vive con apasionamiento, perdiéndose por sus caminos y gozando de todos sus dones. En ese sentido, un gran número de los poemas de este libro, son parte de ese recorrido. La del alba, Espejismos de la mañana I y II, Espesuras... dan una idea precisa de esta poética donde hombre y naturaleza convergen hacia el interior de los bosques, hacia la búsqueda del sentido de vivir. Hermosos son los versos "Son muchas las moradas que habitamos y ninguna nos cobija" del poema Fuente sellada, o "A ninguna orilla pertenecen los que nunca colman sus deseos" del poema Centinelas.
 
Sobre estos tres ejes va componiéndose el entramado del libro Perplejidades y certezas. La vida como camino, como culminación de un proceso interior de asimilación de todas las adversidades (la sequía, el fuego, la muerte...); la vida como paso del útero a la nada moviéndonos dentro de la muralla de la muerte, alrededor de la vida misma y sus contradicciones ("Evitas la audacia de una huida imposible: la fuga en el barro es un regreso precipitado", del poema La muralla). En este paso por los paisajes del mundo el poeta desea y debe dar testimonio de su paso y de sus circunstancias pese a que "Todas las distancias se reducen a un instante regresando del légamo", como nos dice al final del poema Testimonio. El libro termina con dos poemas Secuencias de una caminata del orto hasta el ocaso y Apuntes para una poética donde José Luis Zerón Huguet, con breves fragmentos, con aforismos, aborda una declaración de principios de sus intenciones a la hora de escribir poesía, a la hora de mirar lo que le rodea (como le enseñó su padre): "La retina es la matriz del hallazgo". También esa búsqueda del poeta por aquello que no es visible, que requiere la necesidad de ahondar en lo imposible: "El poeta sigue huellas invisibles en el desierto".
 
La lectura de Perplejidades y certezas es una singladura por los terrenos espinosos de la vida, un ejercicio de comprensión y de aceptación, la búsqueda de uno mismo entendiendo que la esperanza "es un engañosa amanecida" y que la oscuridad habrá de cerrarnos el camino, como esa muralla que no podremos superar. Y, pese a ello, naturaleza, vida y poesía son motivo de celebración.

martes, 11 de mayo de 2010

ANTE EL UMBRAL, de JOSÉ LUIS ZERÓN HUGUET

Hoy, martes, he recibido un libro del poeta oriolano José Luis Zerón Huguet. Son muchos años de amistad epístolar y telefónica (queda todavía pendiente un encuentro en Orihuela, en su ciudad, visitando la casa de Miguel Hernández) y muchos los años en los que he ido leyendo su poesía con admiración y profundo interés. Admiro a J. L. Zerón porque, después de todos estos años transcurridos, sigue fiel a su poética, a su manera de entender la vida y de concebir la poesía a través de esas vivencias. La suya es una carrera literaria sólida, sin fracturas, con una concepción muy clara de sus intereses poéticos. Fiel a ese entronque entre hombre y naturaleza, en esa fusión con el paisaje levantino que requiere ser respetado y vivido en la plenitud de quienes caminan a través de él para reencontrarse en el camino de la vida. Su poesía es paisaje -dentro y fuera- pero va más allá de la contemplación del paisaje. Zerón Huguet se inmiscuye, se hace barro, árbol, piedra... Se hace grito ante la injusticia de la especulación, del sufrimiento, del olvido... Su poesía pretende -y logra- ser un canto a la belleza efímera y, a través de la palabra que exalta la luz de todo lo que sucede de manera cíclica -la vida, mismamente- buscarle un sentido a la existencia. Su poesía busca la trascendencia, desea trascender. Pero no en un sentido de eternidad, si no, precisamente dotando de ese sentido eterno a un paisaje, a la naturaleza, siempre viva, siempre cambiante, en estado continuo de celebración.
José Luis Zerón es editor de la prestigiosa revista de literatura Empireuma y entre sus libros encontramos títulos tan reconocidos como Solumbre, Frondas (premio "Nicolás del Hierro") y El vuelo en la jaula que fue seleccionado para el premio de la Crítica en el año 2004.
De este libro quisiera destacar 2 poemas. El primero dedicado a un gran poeta almeriense, José Antonio Sáez; el segundo, dedicado a un servidor. Gesto que, desde aquí y con toda la amistad que ello conlleva, agradezco públicamente a este gran poeta, y tocayo.

A José Antonio Sáez

Cuando el silencio se hace camino
y un dulce vértigo de lontananza
nos arrastra a encender la noche
apenas sabemos quiénes somos;
la memoria no es más que un rescoldo
en el desierto de la mirada.

En la soledad del paraíso
todo es espejismo.

Abiertos a la embriaguez de las cosas
somos un asombro prolongado.

A José Luis García Herrera

Escucho el rumor de la savia
en los jardines de la tarde
cuando todas las fronteras hablan
el lenguaje de la caducidad.
En los caminos de la claudicación
el viento arrastra sonoros coágulos de luz.
Tiemblo con la última palabra,
signo inútil de apertura,
y establezco alianzas con esta luz zodiacal
que me descubre el sentido oculto
de lo que es tan sencillo.

José Luis zerón Huguet