domingo, 14 de enero de 2018

HOTEL PENUMBRA, de Juan José Cuenca López

El poeta motrileño Juan José Cuenca López (1971) ha publicado recientemente, Hotel Penumbra, en la editorial Nazarí. Juan José, además de poeta, es narrador, dramaturgo, actor, bloguero y dinamizador cultural. Con anterioridad ha publicado los siguientes libros: Lluvia en los zapatos, La agonía de la pavesa, La mirada fingida, Cometa blanca sobre mar azul e Hijos de nadie.
 
                 (Juan José Cuenca y portada de Hotel Penumbra)
 
El libro viene acompañado de unas palabras preliminares, de unas reflexiones (bien traídas al libro, de gran calado y hondura) del escritor Francisco García Morón. A destacar las palabras (que ya han sido resaltadas en la contraportada del libro) que muestran algunas de las claves del libro: "En este poemario, tan autobiográfico como el resto de su poesía, Juan José Cuenca nos propone una voz poética interiorizada y distinta, aunque parezca la de siempre, porque a lo lago de nuestra vida, como forma falsa de identidad permanente, creemos ser los mismo de siempre." Y coincido plenamente con estas sabias palabras. Aunque parezca la misma de siempre, la voz de Juan José Cuenca está en pleno proceso de cambio, de mudanza hacia nuevas etapas o compromisos vitales. Rasgos, los de la mudanza, los del cambio, que son muy patentes en una gran parte de los poemas del libro.
 
El poemario consta de 70 poemas que se suceden sin interrupción, sin que estén agrupados en varias partes. Esta continuidad, este camino sin pausa, ya nos da una idea de trayectoria sin etapas, de determinación hacia un lugar fijado en el horizonte. Y, según vamos leyendo, tenemos cada vez más la certeza que este Hotel Penumbra no es un lugar físico, un lugar de permanencia. Es un lugar de tránsito, como la vida. En el fondo, este hotel es la vida, la ciudad, las calles que nos acogen y nos zarandean con la verdad de la miseria o la mentira de la eterna belleza.
 
El primer poema "La ciudad primaria" ya nos conduce hacia esa idea de cambio, de cambio en ambos sentidos, en el físico ("Pero es otra ciudad. Con otros rostros y otros sueños. /Lo sé. Lo Presiento.") y en el espiritual ("Busco donde quedarme un momento, saboreando/cada haz gélido de esta tierra desconocida.") Y, aunque el siguiente poema se titula "Llegada", se tiene siempre la impresión de que, como en un hotel, somos huéspedes, gente de paso, que nuestro momento es temporal, que esa "llegada" es tan sólo un paréntesis dentro del viaje.
 
Por otro lado, en esta aventura de vivir y de cruzar el largo pasillo de la vida (donde dan todas las puertas que se abren y se cierran) el poeta se embarca en la búsqueda de sí mismo, la búsqueda de las personas que viven en él y, también, la presencia de las personas amadas; más concretamente, la mujer amada a la que se aferra, en la que se sostiene, para no caer derrotado, para no fracasar en esta lucha constante por dar consigo mismo, por ser fiel al cuerpo que le habita y su destino.
En ese pasillo (en el deambular por la vida y sus calles) ha aprendido que todo ocupa su lugar y que, como transito hacia el olvido:
"El pasillo permanece mudo de luces y señas.
A él me encomiendo, para retrasar mi destino."

Y como siempre, el amor aparece como tabla de salvación. Un amor que necesita del contacto, del roce, de la pasión; que nace desde el deseo de posesión, desde "tu grito callado rezumando lascivia". Dos personas que se sienten "abandonadas y huérfanas y hambrientas/ pidiendo sitio a la carne." Un amor que, como todos los que se cultivan bajo la presión de la pasión, se escriben a fuerza de encuentros y desencuentros.
 
Hotel Penumbra está escrito con un lenguaje, en ocasiones, descarnado y lejano de esperanza, con imágenes de tremenda fuerza expresiva: "atesorando gritos en monedas de hojalata", "El café hierve proclamando/ burbuja en grito su amargura"; y con versos de una exigencia expresiva que requieren del lector una lectura atenta, minuciosa, para que nada escape de ese torrente pasional, entregado, que cruzan los poemas de Juan José Cuenca.

Como muy bien indica el profesor García Morón en las Palabras Preliminares del libro: "este poemario está escrito en una etapa vital del poeta en estado de vuelta en la vida... es natural que sea su poemario más pesimista: una etapa vital en la que se resienten o destruyen vínculos de amistad y de amor, de creencias individuales y colectivas que ya no son tan firmes o que ya no existen..."
Pero ese pesimismo, en el fondo, es la razón por la que el poeta emprende ese viaje metafórico a otra esa ciudad que, siendo la misma, necesita ser distinta. A esa necesidad que tiene el poeta de cambiar las claves de su existencia y de sus creencias. En ese viaje, en esa llegada al Hotel Penumbra, reside la esperanza del poeta, la prolongación de ese camino que es la vida. Pues como rezan los dos últimos versos del libro:
 
"Soy un jinete sin montura ni bridas.
No hay otro misterio." 

jueves, 11 de enero de 2018

Sobre LA SEMILLA DEL ÓXIDO, de José Luis García Herrera

La semilla del óxido, de José Luis García Herrera, Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández 2017, ofrece una poesía torrencial, profusa en imágenes. Por el escritor y articulista Javier Puig. Reseña extraída del diario digital Mundodiario.

La semilla del óxido, de José Luis García Herrera, Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández 2017, y publicado por Devenir, nos ofrece una poesía torrencial, profusa en imágenes que, sin espacios vacíos, con apenas pequeños detenimientos, sostienen lo inexplicable, barruntan lo que no se puede postergar, la incidencia del yo, el pronunciamiento biográfico. Sus poemas están concebidos desde la irrupción en “el tiempo lento de las confesiones.” O no tan lento, porque los poemas avanzan con fluidez, pletóricos de palabras, desde una aparente facilidad que no es precipitación sino la honestidad de atender el sentimiento más acuciante y consolidado. Transitan a través de sus versos palabras clave como: óxido, cristal, hielo, memoria, muerte, lluvia, olvido, fracaso, agua...



Estamos ante un viaje que da como resultado la composición de amplias representaciones de lo que aún se ha sido, mapas que no nos indican los espacios sino las solicitudes del tiempo: “En esos momentos de luz interior/ escribo varias notas desordenadas:/ mínimos apuntes/ surgidos de la emoción del instante.” Es el recorrido largamente introspectivo: “Conozco mis limitaciones, mis heridas, mis derrotas.” Y es que hay una preponderancia absoluta del yo que busca el nítido reflejo en la sucesión de unos versos obstinados, un continuo juego en torno a la propia identidad, un enfrentamiento con los sucesivos motores del ser, a veces confusos para el hombre vehemente: “Perdí la vida buscando a aquel que no fui.”

Nos encontramos ante una poesía testimonial, el autorretrato de unos precedentes que se arrastran. Se trata de consignar los acumulativos resultados del ser a través del repaso de actos que a veces fueron fundacionales. ”Solo sé que anhelo conocerme a mí mismo”, y  todo este poemario es un ejercicio de acercamiento a la consecución de esa meta. Aunque pueden ser muy duras las miradas hacia las imágenes retrospectivas y su postrera valoración: “Me he equivocado demasiadas veces”. La vuelta al suceso interior a veces es amarga: “Regresar a la noche de ayer es tributo al fracaso”.  El poeta vive “ebrio de temor y dudas”, “con los pies en los gélidos eriales de la nada/ al borde las oscuras aguas del fracaso”. La idea es asumir la tal vez necesaria existencia de la derrota: “Construyo mi derrota, con esfuerzo,/ y copio mi soledad en todas las horas que perdí.”

Esta poesía no está exenta de la contradicción resultante de estar muy viva. Así, cuando habla de sí misma, de su propia pertinencia. A veces, el logro de los versos es insuficiente agarradero: “En el naufragio me sujeté al mástil roto de la poesía”. Pero, en Contra el olvido se dice: “El tiempo nos vencerá, sí; pero este poema/ quizá nos reviva en la llama de otros labios.” Pero ese instante supremo es fugaz: “…Las falsas/ ilusiones de un poema que explicará la vida…Pero las palabras no me salvarán. Nadie me salvará.”

Y es que: “Escribir – en cierto modo, /es esa necesidad de acercarnos al dolor-/ abre heridas invisibles / que intentamos cerrar  con esas palabras / que jamás dan la exacta medida / de lo que deseamos expresar.” Alguna rara vez uno puede descansar en la conclusión, aunque esta sea tan ambivalente: “Al fin, soy nada más que alma en pena/ con tiempo hipotecado, deudor/ de un amor de mujer que no merezco,/ afortunado aprendiz de poeta/ que halló la felicidad haciendo lo que más quería: / amar, ser amado y escribir.” Pero lo habitual es poder alcanzar tan solo piezas aisladas, esparcidas por la inmensidad mayoritariamente cerrada a una comprensión definitiva. Y, mientras tanto, auparse un poco, aunque sea desde la digna reclinación de una “voz quebrada / por los días lejanos del óxido y la escarcha.” Porque: “La vida no es un refugio para la subsistencia; que el tiempo / no es la suma de vacíos, perdones y derrotas.”

La semilla del óxido es poesía intensa, rica en imágenes de una contundencia y una belleza muy logradas: “Fui fragmento del sol /sobre el hielo de los anocheceres”. Nunca se acerca a lo prosaico sino que se mantiene en un lenguaje claramente ceñido a un lirismo lúcidamente propiciado. Estamos ante una valiente indagación del propio ser a través de la tenaz búsqueda de la palabra que marca las sendas tenues donde cabe la ardiente evidencia, la íntima extrañeza y los finos sesgos de la claridad: “Sabré que estuve ahí, que ahí me detuve/ que un poema dio sentido a mi vida, que aprendí / el lenguaje de los océanos y la razón oscura / que viste de azul el horizonte de la brújula.” José Luis García Herrera demuestra oficio e inspiración, lo que deviene en un poemario en el que menudean excelentes destellos poéticos. 

viernes, 29 de diciembre de 2017

ATÓPICA, de Álvaro Giménez García

El poemario ATÓPICA, del poeta alicantino Álvaro Giménez García, se alzó con el premio del XXXII Certamen Poético "Ángel Martínez Baigorri" en su edición del año 2015. Editado por el ayuntamiento de Lodosa al año siguiente, tuvo como miembros del jurado a Consuelo Allué, Marina Aoiz, Alfonso Pascal Ros y José Ortega. Quizá no fuera preciso mencionar al jurado (que creo que sí) pero en esta ocasión quisiera mencionarlo que conozco personalmente a Marina y a Alfonso, y conozco su valía como personas y como poetas. Y, más aún, su rigor crítico a la hora de evaluar tanto la poesía ajena como la propia.



Entrando a valorar los aspectos más importantes e interesantes de Atópica, habría que empezar por el subtítulo del mismo: (Versos atópicos para tema y personajes atópicos). Estamos pues, con  título y subtítulo, ante una apuesta muy clara de intenciones. Esto es, abordar temas tópicos de la cotidianidad y la literatura, desde la fina ironía, desde una mirada humorística y desde una postura crítica y escéptica ante situaciones que rozan, en ocasiones, el territorio del absurdo.
Poesía escrita con un lenguaje actual, fresco y dinámico; sin más pretensiones (que tampoco se pretenden) que la de abordar y replantear tópicos de una manera, como el autor nos propone, de manera atópica.

El libro está dividido en tres partes y un epílogo: Atopoi, Ab hominum rebus y Ab poetarum rebus.
En la primera se tratan temas más diversos o dispares, mientras que la segunda parte incide en temas relacionados con el hombre y la masculinidad (A destacar el poema "Es cosa de hombres..." como ejemplo de los personajes típicos y tópicos); y sobre los poetas y la poesía en la tercera de las partes.

La cita inicial del libro, de Julia Otxoa"El secreto de la poesía / pertenece más al náufrago que al navegante", ya nos propone o nos anticipa la intención del poeta. Esto es, la poesía no es gobernable y sólo tienen acceso a ella los que más la necesitan. Luego, que nadie se jacte de dominarla, pues caerán en el tópico de esos poetas que hablan sin decir nada y de los que debemos alejarnos sin miedo
"porque,
aunque ellos no heredarán la tierra,
ni ganarán el cielo,
a ti,
si los escuchas,
sí te condenarán al infierno." 

                                (Álvaro Giménez García)


Amén de los poetas que aniquilan la poesía y debemos evitar a toda costa, Álvaro Giménez también aborda temas como el de la vanidad y la fama, los clichés del cine, la vida retirada en insulsos anonimatos, las amas de casa que viven más tiempo fuera de casa que en ella, los economistas como gurús de este inicio de siglo, las relaciones entre hombres y mujeres...
A destacar, entre los temas, los relacionados con la poesía, con los poetas, con los hombres y, naturalmente, con las mujeres. Si en el poema aludido, "Esos poetas que hablan...", se crítica irónicamente a esos poetas que se creen dueños de las palabras y del lenguaje hasta agotarlo, en el poema "Vanitas vanitatum" ahonda en esa vanidad que poseemos la inmensa mayoría de los poetas de ser reconocidos y premiados, primando en ocasiones más el deseo de ser premiado que el propio premio de escribir poesía. O, como en "Revisión del "Locus amoenus" de la playa de mi memoria", el exceso que sufrimos los poetas por idealizar la infancia hasta límites extremos:
"Son muchos los poetas
que se llenan la boca y manchan los folios
con el eterno retorno a una infancia dorada."

En cuanto al mundo de las mujeres, y a su conocimiento sobre el pensamiento masculino, el poema "Diagnóstico preciso del alma masculina" es un espléndido poema y un manual antológico de la típica clasificación del arquetipo masculino y de la manera que tienen las mujeres de conocernos, ubicarnos y manejar la situación. Y en el poema "Las mujeres y las letras" el poeta reconoce, como lo hacemos la gran mayoría que, pese a nuestra constante difusión de nuestro amor por las letras, las mujeres lograrán siempre estar por encima de esa pasión. 
"En ello, pongo todo mi empeño,
a sabiendas de que
si bien las letras me acompañarán siempre,
no habrá ni una sola que pueda reemplazar
el luminoso y homérico roce de una piel
que cualquier mujer haya podido regalarme nunca."

En el prólogo del libro Luisa Pastor habla sobre el escepticismo en la mirada del poeta de hoy (en palabras de la poeta polaca Wislava Szymborska) y enlaza la poesía de ambos porque "les une la ironía, el humor, la sorpresa ante un mundo complejo del que los poetas como ellos dan cuenta con asombrosa sencillez y desparpajo. Sus poéticas revelan, asimismo, la reivindicación de las cosas nimias y de la sonrisa." Coincido plenamente con estas palabras y esta opinión sobre la poesía de Álvaro Giménez García. Aunque, entre ironía y sonrisa, en ocasiones se revelan verdades y miserias que se enmascaran o se eluden. Como ocurre en Atópica.

domingo, 17 de diciembre de 2017

LA SEMILLA DEL ÓXIDO, presentación en Orihuela

El pasado sábado 18 de noviembre, en el Auditorio de la Lonja de Orihuela, tuvo lugar la entrega del premio de poesía "Miguel Hernández-Comunidad Valenciana 2017" a mi libro "La semilla del óxido", publicado por la editorial Devenir de Madrid.
 

                                                    

    (portada del libro "La semilla del óxido")


El acto, organizado con excelente maestría por el grupo Artístico Auralaria, fue presentado por Ángeles Vidal Guevara.
Se inició con una apertura musical a cargo de Luisa Pastor (voz) y José Jimeno (guitarra) que interpretaron una excelente versión del tema "Boca".


                          (Luisa Pastor en plena interpretación)

Acto después el Director de la Fundación Miguel Hernández, Aitor Larrabide, me hizo entrega de la estatuilla conmemorativa, con un hermoso busto del poeta oriolano e universal.


                     (Aitor Larrabide y José Luis García Herrera)

A continuación leí una breve selección de poemas de "La semilla del óxido", escogiendo un poema de cada una de las seis partes en la que está compuesto el libro. De los poemas elegidos, "Puertas cerradas" fue uno de los poemas más celebrados por el público asistente.

PUERTAS CERRADAS

He cerrado la puerta,
en la soledad de cuatro paredes
no hay secretos, ...
      J. M. Soriano Degracia
Desde la trampilla del olvido alcanzo la senda
que conduce hasta la puerta maciza del destierro.
Llego hasta la puerta. Justo hasta la puerta.
Tengo miedo de abrirla y traspasar su umbral;
miedo de enfrentarme a mis miedos, a mis dudas, al frío...
Conozco demasiado bien mi ciudad, mi calle, mi sombra,
mi silencio, la pesada cruz de mi silencio...
Escribo palabras que hurgan en mi mesa, en mis cajones,
en mis páginas de lluvia, en mis días de lluvia...
Mi mano se posa sobre el pomo y aprieta con firmeza,
pero no lo giro hacia abajo ni empujo hacia fuera.
Un gramo de valentía o una libra de descaro
podrían cambiar la visión de mi historia y su rutina,
podrían enseñarme otro modo de ver las cosas.
Pero temo no saber adecuarme a los cambios. Temo
dejar en ese trance la esencia de lo que soy,
la cruda ausencia de lo que fui.
Conozco mis limitaciones, mis heridas, mis derrotas...
Mi vida es una película de sesión continua,
un lugar anónimo donde nada ocurre,
una voz que envejece en segundo plano,
un hombre que no aparece en escena,
una huella sólida
escrita con palabras de invierno
tras las puertas cerradas.

Después de mi lectura poética el poeta Álvaro Giménez, parte integrante de Auralaria, me hizo una entrevista sobre el escenario donde fuimos desgranando claves del libro y de mi personalidad poética (una arista más de mi personalidad global como ser humano). Fue una entrevista cálida, una charla distendida entre dos amigos que hablan sobre la vida, la poesía y sus conjuntos.

 
(Álvaro Giménez y José Luis García Herrera)

Cerraron el acto Luisa Pastor y José Jimeno con una excelente interpretación de una pieza titulada "Luna" donde declamación y canto se fusionan para exaltar el don de las palabras.


                              (Luisa Pastor y José Jimeno)

Aquí os dejo un breve resumen del acto, realizado por Televisión Vega Baja, que recoge los momentos más importantes y destacables del acto.

jueves, 14 de diciembre de 2017

PERPLEJIDADES Y CERTEZAS, de José Luis Zerón Huguet

En este nuevo libro de José Luis Zerón Huguet, Perplejidades y certezas (Ars Poética, 2017), el poeta oriolano vuelve a sorprendernos con una obra de gran madurez y versatilidad. Fiel a una concepción poética ajena a cualquier tipo de moda o corriente artística, Zerón Huguet establece una visión de la poesía, de la vida, de la naturaleza... con el sello personal con el que ha ido labrando una sólida obre literaria. Este libro, pues, viene a consolidar esa filosofía de entender el hombre como engranaje del paisaje telúrico que le rodea; esa fusión entre mirar, compartir y proteger; ese pasar por la vida añadiendo luz y vida, respetando los ciclos del ser, estar, amar, recordar y desaparecer.


                                                            (José Luis Zerón Huguet)

Los poemas, escritos en una prosa poética que destila más poesía que prosa y que se leen con aliento y alma poética, abarcan, principalmente, tres grandes líneas. Una de ellas, sería la referente a la creación poética, a ese camino doloroso del poeta que ahonda en su interior para plasmar unas emociones, unas ideas, unas emociones... que precisan marcar una manera de ser y de expresarse, una manera de entender la vida y su contexto, un modo de ubicarse en la rueda del mundo.
 
La segunda sería la celebración de la vida, con todo lo hermoso y lo devastador que supone vivir y sumar años y vida sin sucumbir en los duros momentos que se habrán de enfrentar y superar. En este sentido, son especialmente bellos los poemas dedicados a sus hijos Salutación y Vínculo. En Salutación el poeta le dice a su hijo: "Cuanto más ames mayor será tu sufrimiento, per no temas: la angustia también tiene sus esplendores". En Vínculo, Zerón Huguet aconseja a su hija que no se acostumbre a la rutina, que no sea una persona conformista: "No huyas de la pasión, no hay que temer las selvas vírgenes; aléjate, en cambio, de los territorios fijos".
 
La tercera gran línea sería la admiración y la revelación ante la grandeza de la naturaleza. Amante de la tierra oriolana, Zerón no sólo la canta en sus poemas, si no que la vive con apasionamiento, perdiéndose por sus caminos y gozando de todos sus dones. En ese sentido, un gran número de los poemas de este libro, son parte de ese recorrido. La del alba, Espejismos de la mañana I y II, Espesuras... dan una idea precisa de esta poética donde hombre y naturaleza convergen hacia el interior de los bosques, hacia la búsqueda del sentido de vivir. Hermosos son los versos "Son muchas las moradas que habitamos y ninguna nos cobija" del poema Fuente sellada, o "A ninguna orilla pertenecen los que nunca colman sus deseos" del poema Centinelas.
 
Sobre estos tres ejes va componiéndose el entramado del libro Perplejidades y certezas. La vida como camino, como culminación de un proceso interior de asimilación de todas las adversidades (la sequía, el fuego, la muerte...); la vida como paso del útero a la nada moviéndonos dentro de la muralla de la muerte, alrededor de la vida misma y sus contradicciones ("Evitas la audacia de una huida imposible: la fuga en el barro es un regreso precipitado", del poema La muralla). En este paso por los paisajes del mundo el poeta desea y debe dar testimonio de su paso y de sus circunstancias pese a que "Todas las distancias se reducen a un instante regresando del légamo", como nos dice al final del poema Testimonio. El libro termina con dos poemas Secuencias de una caminata del orto hasta el ocaso y Apuntes para una poética donde José Luis Zerón Huguet, con breves fragmentos, con aforismos, aborda una declaración de principios de sus intenciones a la hora de escribir poesía, a la hora de mirar lo que le rodea (como le enseñó su padre): "La retina es la matriz del hallazgo". También esa búsqueda del poeta por aquello que no es visible, que requiere la necesidad de ahondar en lo imposible: "El poeta sigue huellas invisibles en el desierto".
 
La lectura de Perplejidades y certezas es una singladura por los terrenos espinosos de la vida, un ejercicio de comprensión y de aceptación, la búsqueda de uno mismo entendiendo que la esperanza "es un engañosa amanecida" y que la oscuridad habrá de cerrarnos el camino, como esa muralla que no podremos superar. Y, pese a ello, naturaleza, vida y poesía son motivo de celebración.

miércoles, 12 de abril de 2017

JOSÉ LUIS GARCÍA HERRERA - PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA "MIGUEL HERNÁNDEZ"

El poeta catalán José Luis García Herrera (Esplugues de Llobregat-Barcelona, 1964) se ha alzado con el premio internacional de poesía 'Miguel Hernández-Comunidad Valenciana' 2017 gracias a su trabajo 'La semilla del óxido', de preguntas y reflexiones sobre la existencia o las raíces de la vida.
                                         (José Luis García Herrera)

Este premio, dotado en esta edición con 8.000 euros, un elemento artístico acreditativo y su publicación en la editorial Devenir, se ha fallado este lunes en Orihuela (Alicante), ciudad natal del poeta Miguel Hernández, que este martes 28 de marzo conmemora el 75 aniversario de su muerte.

'La semilla del óxido' es una obra estructurada en seis partes y con 55 poemas "muy cohesionada, con un lenguaje muy actual y una presencia decidida del mundo contemporáneo", según ha destacado el jurado.

"El poeta se integra en ese mundo para atraer al lector y presentarle su universo poético con sus logros y sombras", han dicho los miembros del jurado, quienes han dicho que se trata de un poemario "sólido, bien construido, formado armónicamente con poemas en verso, de una contextura bien estructurada y con poemas en prosa bien integrados en la unidad general".

José Luis García Herrera es técnico-químico alimentario, además de poeta, narrador y crítico literario. Fue secretario de la Academia Iberoamericana de Poesía en Barcelona y fundador de los premios literarios 'Ciutat de San Andreu de la Barca'.

Hasta la fecha ha publicado 25 libros de poesía, entre los que destacan 'Lágrimas de rojo niebla' (premio Villa de Martorell, 1989); 'Las huellas en el laberinto. Cuaderno de Britania (Premio Juan Alcaide 2010) o ''Mares de Escarcha' (premio Luys Santamarina, 2016) y, en narrativa, ha sido ganador del premio 'Villa de San Esteban de Gormaz'.

El jurado, presidido por el catedrático de Literatura Española de la Universidad de Murcia, Francisco Javier Díez de Revenga, ha contado con los profesores Pilar Blanco, Arcadio López-Casanova y Joaquín Juan Penalva, además del editor Juan Pastor. Aitor Larrabide, director de la fundación, ha actuado como secretario.
Arcadio López-Casanova ha destacado tres rasgos fundamentales de este libro: "su extensión y buena estructura, que le da un primer signo de unidad; su acierto al darle un tono original a un tema de preguntas y reflexiones sobre la existencia y la intensidad del libro, apoyado en una melodía de los poemas y una expresión imaginativa, enormemente brillante y rica".
           (Jurado del Premio Miguel Hernández-Comunidad Valenciana)

El profesor Joaquín Juan Penalva ha declarado que se trata de un libro "perfectamente armado" y ha destacado la quinta parte, 'Los Pasos Desandado', "escrita en prosas poéticas" y las dos primeras, "que ahondan más en el tema de la lectura y escritura y donde he encontrado algunos de los mejores poemas del volumen".

Por su parte, el editor Juan Pastor, ha hecho hincapié en la "cantidad de originales que se han presentado y la diferencia entre los poemarios ganadores, permitiendo así no dirigirnos a una línea concreta, cumpliendo con la función de un premio".

A este galardón han concurrido 363 trabajos -43 más que en la edición anterior- procedentes de países como Argentina, Australia, Bélgica, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, Estados Unidos, Ecuador, Francia, Honduras, Israel, Italia, Japón, Marruecos, México, Perú, Polonia, Portugal, Puerto Rico, República Dominicana, Suecia, Suiza, Uruguay o Venezuela, entre otros.

A esta convocatoria también han llegado trabajos de diferentes provincias españolas como A Coruña, Alicante, Barcelona, Vizcaya, Cantabria, Ceuta, Córdoba, Cuenca, Granada, Huesca, Islas Baleares, Jaén, Lugo, Madrid, Málaga, Murcia, Sevilla, Soria, Valencia, Valladolid o Zaragoza.

domingo, 18 de diciembre de 2016

MARES DE ESCARCHA, palabras de la presentación de Eduardo López Pascual

El pasado viernes 16 de diciembre, en la Sala Mariano Baquero de la Facultad de Letras de la Universidad de Murcia, tuvo lugar la presentación de mi libro Mares de escarcha, XXI Premio Internacional de Poesía "Luys Santamarina-Ciudad de Cieza". Aquí os dejo las precisas palabras que el poeta Eduardo López Pascual, Presidente de la Asociación Cultural Pueblo y Arte de Cieza, pronunció en la presentación de mi libro.


  PRESENTACIÓN DEL PREMIO LUYS SANTAMARINA 2016
JOSÉ LUIS GARCÍA HERRERA
 
            Mares de Escarcha, el poemario de José Luis García Herrera ganador del XXI Premio Internacional de Poesía Luys Santamarina, es de entrada un gran libro de versos. Lo es, subjetivamente, por el tratamiento que el poeta da al reflejo vital de una experiencia que parece propia, aunque esté apoyada en recursos  de proximidad personal, que sería quizá una razón más para cualificar los poemas que se desgranan aquí y ahora en ese libro. Hay en su poesía el conocimiento íntimo del paisaje vivido, de la experiencia sufrida o gozada, con llegadas muy sensibles al detalle físico, y a la emoción cercana que le confieren la piedra, el camino, el horizonte... que él traduce en sensaciones íntimas. Y alrededor de su obra fluye el invierno, el río, la gélida constancia de que reside en un tiempo y en un espacio muy determinado, aunque esto no signifique que le encuadre en lo que se conoce como Poesía de la Experiencia que podría comandar poetas como Montero o Brines, entre otros. Pero le da valor de permanencia, y su verso se inserta en la comprensión de cuanto vive.

      Es decir, la poesía de José Luis en este poemario, el fondo de Mares de Escarcha, siempre nos dice algo. Que eso es al fin y al cabo la poesía. Es este, un valor que se reconoce en toda su obra; por otra parte muy premiada, como sucede con sus poemarios Lágrimas de rojo niebla, Memoria del olvido, Los caballos de la mar no tienen alas, La ciudad del agua, y así hasta un índice tan extenso como excelente.

            No entiende el poeta el texto exacto con la norma, el rigor de lo establecido, y por eso, nos ofrece la libertad de un poemario pleno de sabiduría poética; de contenido, y aparece profunda en su construcción creativa, en sus versos largos y en sus tramos más prosaicos. José Luis García Herrera apela a la fuerza del entorno, al valor de la cita rigurosa; por eso quizá el lector de este libro no encuentre la metáfora buscada, porque Mares de escarcha, quiere la realidad más pura y por eso sencilla.. José Luis, como los grandes poetas, busca, exige la belleza, porque al final de todo la poesía, como diría Dostoievski, no crean que puede salvar al mundo pero podemos esperar que desempeña un papel importante a la hora de consolarnos y redimir nuestra soledad. El poeta, en este sentido, casi siempre precisa de la experiencia -sin etiquetas a veces ya superadas, pero siempre adicta a la belleza. Y aquí permitidme, como se leyera en la poética de Dionisia García, que gozamos con versos como estos de su libro El Vaho de los espejos.

 
“Tiemblo
al pensar que, algún día
ya no veré la lila de los huertos.
No me gusta creer,
que las lilas perderán su existencia
tras los velos de la noche,
han de existir
porque también ignoro
si, en alguna parte o cerca,
hay presencias que no palpo
y fueron siempre."

         Y así regreso con Dionisia García, al poemario de José Luis, que en toda su obra nos remite una y otra vez, al sensible observador que logra interpretar le belleza de nuestro entorno, que es cono os decía pura poesía. Veríamos asegurarse que en este poemario prima sobre otros elementos literarios, el amor a darnos el mejor realismo, que está hecho con la naturalidad que impone su calidad como escritor. Y sus palabras son terminantes, reales: el invierno, la piedra, el frío, los páramos,... vocabulario que nos ofrece tanto la riqueza de su fondo poético, como la expresividad fielmente encontrada. Así, cuando recitamos estos versos:

                   ”Construyo la vida con la paciencia de las piedras.
                    En ellas se condensa la materia del espíritu
                    que ennoblece el perfil del paisaje, la trama
                    depositada sobre el hilo embarrado del camino,
                    el tesón de los muros apuntalando la memoria
                    perdida entre los terrones rojizos de la tierra.”

     A mí me parece un ejercicio de interrelación perfecta en  vivencia y en creatividad. Desde luego no le haría falta a este poeta, acogerse al escrito ortodoxo, porque el verso muestra la sonoridad que exigimos. Quizá aquí reside su misterio; una poesía que, según el autor reconoce, viene influida por la línea directa con que se viste la poesía del 27 y, particularmente, de los versos de Vicente Aleixandre, de los que se considera, permitidme la expresión, un fan irreductible. Confiesa también su admiración por poetas modernos, como Antonio Gamoneda, del que recoge alguna influencia. Es acaso una influencia que es posible observar en toda la obra de este poeta bilingüe: escribe en castellano y en catalán -la lengua de su tierra, que traslada al conjunto de su obra. Una obra extensa y felizmente reconocida en múltiples premios y diplomas que, sin duda, enriquecen el valor de nuestro premio Luys Santamarina.

              Premiado con el Blas de Otero, el Miguel de Cervantes en Armilla, el Festa d´Elx (Elche); o Il Convivio , en Italia, entre otros muchos, Jose Luis viene recogido en la antología Nuevos Poetas y pertenece al Capitulo barcelonés de Poetas Iberoamericanos que, precisamente, durante el mes de octubre ha celebrado reunión en Salamanca, siendo él, uno de los poetas invitados. Traducido al italiano, portugués o francés, los poemas de José Luis García Herrera han logrado en el universo poético un lugar privilegiado que a nosotros, desde la Asociación Pueblo y Arte, nos congratula y nos consolida como uno de los encuentros en poesía plenamente ubicados.

             Y es que leyendo su poesía, la poesía de José Luis, podemos entender las razones por las que su libro Mares de Escarcha nos invita a sumergirnos esta tarde en un mar de versos y sensibilidad.

              “En el corazón del abismo salta el agua
               estalla la vida en el golpe, laten
               la ceniza y la plata, el sabor
              de la piedra sedienta.”

          Aparece así la fuerza descriptiva. Un leiv motiv que el poeta refleja en cada verso, en un juego entre el neto relato y la belleza de una construcción puramente lírica. Sabe combinar la emoción y la estética, y esto, en un escritor, es siempre aviso de una intensa capacidad de reflexión, de análisis; detalles que hacen potente al verso que se escribe. En esta poesía descriptiva que crea José Luis García Herrera, existe un mensaje interior que trasciende la tierra, o el agua, o el frío, o el hielo que se relata, nos dice algo más y por eso, el verso vuela hacia lo profundo, la hondura que nunca se puede quedar en la mera exposición, y nos llama a la contemplación que es algo más que una mirada superficial. Me recuerda, por esto mismo, a esos otros versos de la poesía hispanoamericana, que funden, a mi juicio, la belleza de la palabra y el valor de su contenido. Y ahí quedan los Borges, o más cercanos, Liliana García Carril, de Buenos Aires, o Gerardo Jorge, que Olvido García analiza en las páginas de ABC, o Rita Geada, cubana;  y Maricel Mayor, desde los Estados Unidos, con la potencia lingüística del habla criolla. En este sentido, creo que José Luis García Herrera, aunque desciende a ese relato de inviernos y noches, de escarcha y páramo, de pan y luz, sean acaso una forma de simbolismo que el poeta inventa para llegar intensamente al fondo de nosotros mismos.

               “En esa inercia del camino,
                 de regreso al origen de todos los orígenes,
                 el sabor de la vida despliega el aroma
                de la almendra tostada, de la tierra que renace
                con la fuerza del agua y el temple del fuego
                a través de las palabras."

      Y por eso, tal vez, se aproxime al verso de Gamoneda, que todos entienden como un aviso de una poesía-fuerza. Quizás, por todo ello, el Luys Santamarina 2016 ha encontrado su mejor destino y aprueba la complicidad del autor, y entra así en el marco esperado de los poemarios subidos al espacio de los ganadores. Y es que, amigos, si Bretón decía que la poesía se hacía en la cama, como el amor; Santiago Costelo, hablaba de que a la poesía había que amarla cada día; y estamos  seguros de que José Luis García Herrera cumple, a las mil maravillas, esta sabia máxima del gran poeta extremeño.

         También, o a mí me lo parece, la poesía de José Luis García Herrera nos lleva a esa realidad juanramoniana, en la que quizá todos tengamos un reflejo en nuestros versos cuando leemos poemas como el que el poeta dedica a la ciudad de Praga, donde dice:

                "Al mediodía, de regreso al mosaico taciturno
                  de un mar de piedra lenta y apacible,
                  la luz negra dibujó sombras ecuestres
                  sobre una fachada con ventanas al olvido."

         Una imagen, con palabras de hoy, porque como dice José Luis, la poesía tiene que estar, o debe de estar, por encima del tiempo, y venir a la realidad de cada hoy. Por esa razón, sus poemas nos suenan a permanencia, a solidez poética, que es al fin y al cabo la meta de toda obra creativa. Y en eso estamos. Y en eso nos quedamos con la voz de José Luis García Herrera.
 
 
                        (portada del libro Mares de escarcha, del poeta José Luis García Herrera)