miércoles, 7 de febrero de 2018

LA SEMILLA DEL ÓXIDO, de José Luis García Herrera: vida, tiempo y palabra contra el olvido

Con sumo placer y gratitud copio en mi blog las precisas palabras que, sobre mi libro La semilla del óxido" ha escrito el poeta y profesor Santiago López Navia y que aparecieron publicadas el pasado 31 de enero en el blog de La Discreta (Náufragos en tiempos ágrafos). Palabras que fueron escritas para la presentación de mi libro en la Librería La sombra, de Madrid.

Por Santiago López Navia

Con La semilla del óxido (Madrid, Devenir, 2017), poemario galardonado con el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández 2017, José Luis García Herrera (Barcelona, 1964), añade una nueva y admirable obra a una producción poética fecunda y muy reconocida en el ámbito nacional e internacional.
 
El poemario se debate entre varias vetas temáticas, empezando por la experiencia vital. El programa de vida del poeta, aparentemente sencillo pero ambicioso en realidad (“amar, ser amado y escribir”), se enuncia desde el primer momento en Acta de fe”. La vida es una búsqueda permanente y siempre insatisfecha (“En la cruz del silencio”), marcada a veces por la desazón y el desengaño (“Tiempo de óxido”), a veces por las incertidumbres (“Funámbulo de la noche”) y a veces por los dolores de la existencia (“Existencia”) y la herida del vacío (“Fui”), que puede explicar la necesidad de la reivindicación identitaria (“D.N.I.”). El poeta comparte con el lector una poesía sentida, empática, conmovida y no solo conmovedora, que late entre otros poemas en “Accidente” y en la sección “Huellas sobre el agua”, de especial intensidad y hondura.
 
Una segunda veta temática gira en torno al paso del tiempo, en la que García Herrera se suma a una tradición tan larga y viva como la creación poética misma, y en la que son evidentes la dialéctica entre lo perentorio y lo permanente (“Escrito sobre el hielo”), el constante movimiento de la vida (“Nómadas”) y la percepción dolorida del transcurrir de los años (“Palabras de agua” y “Herencia de hielo”), simbolizado por la presencia recurrente del óxido, especialmente intensa en “Páramos gélidos”.
 


Destaco también entre los temas preferentes del poemario una poderosa reflexión metaliteraria que alcanza tanto a la lectura como a la escritura. El poeta presenta el acto de leer cono un rito vivificado y vivificante (“Antiguo ritual”) en el que declara las deudas que ha contraído con sus libros (“Los libros”). En cuanto al acto de escribir, la escritura poética hiere y cura al tiempo (“El cristal de la memoria” y “La herida abierta”) y no siempre se ajusta con precisión al sentimiento (“El cristal de la memoria”), como bien sufrimos quienes vivimos en este oficio. El proceso de la creación consiste en ocasiones en agavillar apuntes que serán un poema esbozado en noches a veces tranquilas (“De la noche tranquila”) o en un poema que será nuestra tabla de salvación contra el olvido (“Contra el olvido” e “Identidad perdida”), que fragua la masa anónima en medio de la cual brota la voz del poeta (“Imitando al olvido”).
 
Descubro en La semilla del óxido algunas recurrencias muy gratas con las que sintonizo cordialmente. La primera de ellas es la presencia inspiradora de la música, pasión que me une a García Herrera, en poemas que rinden homenaje a genios como el grupo America (“A horse with no name”), Phil Collins (“In the air tonight”) o Lou Reed (“Walk on the wild side”), y la segunda es la fuerza con la que se capta el misterio de la ciudad en “Los mares de la noche” y en “Urbanitas lex”, con el magnífico broche cierto y dolorido de sus versos finales: “No habrá ciudad/que no nos dé la vida/a fuerza de matarnos”.
 
(José Luis García Herrera)
 
El versículo, dominante en el poemario, se alterna excepcionalmente con la prosa poética en la sección “Los pasos desandados (Peralba de Trescastros)”, en la que el poeta despliega imágenes audaces y cargadas de sugerencias que me parecen especialmente brillantes en “Los espejos transparentes”. No puedo dejar de destacar la fuerza que adquieren a lo largo de todo el libro algunos versos de tono sentencioso y lapidario, cargados de una enorme lucidez: “El camino llega y te elige. Tu solo lo recorres/con la brújula ciega que gobierna el instinto” (“El peso de las huellas”); “La vida/es un teatro/donde los actores abandonan la escena/pero el telón/jamás/cae” (“A esta hora”); “La costumbre/es la virtud de los temerosos” (“Tributo al fracaso”); “La soledad/es un soliloquio de humo en busca de su dueño” (“La esencia de la vida”); “No hay descanso para la soledad” (“Frontera de la soledad”). Dejo para el final la vibrante secuencia “Todos somos del mismo lugar y de ninguna parte […] Todos somos del mismo lugar y somos forasteros […] Todos somos del mismo lugar. Todos mentimos”, que atraviesa el armazón de “Walk on the wild side”), y la tremenda sacudida que supone recordar que “no hay dolor/que sea más intenso que la vida” (“Sombra herida”).

Un poemario, en fin, cincelado con la honradez y la rotundidad propias de José Luis García Herrera y fiel a su esencia más pura, en el que sigue construyéndose una línea poética original y personalísima que, para bien de quienes disfrutamos de su obra y de su afecto, aún tiene mucho que regalarnos.

lunes, 22 de enero de 2018

IDENTIDAD PROPIA, por Francisco Javier Díez de Revenga

El pasado 23 de diciembre, dentro del apartado que el diario La Opinión de Murcia dedica a los libros, el profesor Francisco Javier Díez de Revenga escribió este artículo sobre mi libro, La semilla del óxido.
 
Profesor Francisco Javier Díez de Revenga
                      
JOSE LUIS GARCÍA HERRERA (Esplugues, 1964) obtuvo el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández 2017 que ahora publica, bajo los auspicios de la Fundación del poeta en Orihuela, la editorial Devenir, que dirige, en Madrid, el murciano Juan Pastor. Se trata, en efecto, de un libro excelente que corona la ya consolidada trayectoria de su autor, un poeta dotado de una gran capacidad expresiva, aunque este libro, tras esas enigmáticas semillas de óxido que figuran en el título del volumen, somete la existencia y su mundo, a una severa revisión que desarrolla a los largo de unos poemas admirablemente construidos.
   En ellos es posible advertir las inquietudes que el poeta quiere urgentemente transmitir a su lector, sin duda para entenderse también a sí mismo, porque uno de los motivos centrales del libro es la búsqueda de la propia identidad, hasta el punto de que uno de los poemas, uno de los mejores, se titula sucintamente D.N.I., y es muy cierto que cuando un poeta se decide a escribir un poema así, está volcándose en caliente sobre su propio libro para llegar a su lector con la inquietud de su propia identidad. Y en esa identidad confluyen muchos elementos que la enriquecen y que la multiplican, como son la propia memoria y los olvidos, la visión de la realidad descarnada de accidentes en su propia esencia, la revisión detenida del propio vivir, del transcurrir por las calles de una ciudad con ventanas cerradas y ventanas abiertas. El poeta es entonces como un nómada, y son varios los poemas en los que se alude a la inestabilidad del espacio y el constante transcurrir de los días, de un lugar a otros, como un nómada transitando por caminos, descubriendo huellas que son los símbolos del pasado.
 
José Luis García Herrera
 
   Una de las inquietudes del poeta es su propia escritura, que no podía faltar en un autor de tan alta categoría como García Herrera, aunque se crucen en esa escritura los días lejanos del óxido y la escarcha, y la rueda del destino no gire con suavidad debido también a su propio óxido. Escribir para el poeta es un acto de fe o un acta de fe como ya se anuncia en el primer poema, y en ese mundo privado y propio, con el poema, están sus libros que son vidas y existencias, que están ahí a diario para superar el regusto agrio del olvido y del fracaso. Interrogarse sobre sí mismo, contar lo que el propio poeta intenta ser es superar el olvido con la memoria y construir la búsqueda de la propia identidad sobre objeticos bien logrados en este libro poético tan complejo como ensimismado, dominado por un ansia inagotable de introspección.
   La vida, la muerte, el ayer y el futuro, la existencia misma con su constante transcurrir se convierten en los objetos de la meditación constante de un libro que también contiene la evidencia de la realidad de un mundo compartido y gozado, un mundo vivido en el que el poeta se encuentra sí mismo, aunque descubra que vive entre las sombras de cenizas espantadas. Es el reto que se ha marcado un libro de poesía que apuesta nada menos, como es evoca en uno de los mejores poemas, sobre la esencia de la vida, en el que concluye que llegará la tibia luz de la mañana y desearás que el día no termine nunca, que no te abandone la esencia de la vida.
 
La semilla del óxido
 
   Destaca en el volumen su potente lenguaje, un idioma creado para contener en cada palabra la intensidad de contenidos simbólicos cargados de significados plurales, mientas las metáforas ya lexicalizadas de la vida van enriqueciendo la frase contundente y altamente designativa. Poderosa palabra poética mantenida y cohesionada a lo largo de todo un libro marcando un estilo propio, un estilo personal donde cada nombre, cada adjetivo vitaliza el lexema contiguo y más próximo. La alta esencia simbólica e imaginativa de una lengua tan bien construida como la de este libro permite seguir confiando en que la poesía de hoy, alguna poesía de hoy, en español, sigue creando y prodigando lengua, ennobleciendo y sublimando nuestro común instrumento de comunicación. Cualidad rara la de este es libro en este terreno que debe ser destacada. Como especial es también su extenso verso, de base alejandrina, que se distiende a lo largo de los poemas del libro con cohesión admirable y fluye con serenidad poema a poema hasta llegar a convertirse, ya en la penúltima sección del volumen, en unos excelentes poemas en prosa, expresivos y dotados de notable intensidad lírica, que en nada disienten del resto de los poemas de La semilla del óxido.

domingo, 14 de enero de 2018

HOTEL PENUMBRA, de Juan José Cuenca López

El poeta motrileño Juan José Cuenca López (1971) ha publicado recientemente, Hotel Penumbra, en la editorial Nazarí. Juan José, además de poeta, es narrador, dramaturgo, actor, bloguero y dinamizador cultural. Con anterioridad ha publicado los siguientes libros: Lluvia en los zapatos, La agonía de la pavesa, La mirada fingida, Cometa blanca sobre mar azul e Hijos de nadie.
 
                 (Juan José Cuenca y portada de Hotel Penumbra)
 
El libro viene acompañado de unas palabras preliminares, de unas reflexiones (bien traídas al libro, de gran calado y hondura) del escritor Francisco García Morón. A destacar las palabras (que ya han sido resaltadas en la contraportada del libro) que muestran algunas de las claves del libro: "En este poemario, tan autobiográfico como el resto de su poesía, Juan José Cuenca nos propone una voz poética interiorizada y distinta, aunque parezca la de siempre, porque a lo lago de nuestra vida, como forma falsa de identidad permanente, creemos ser los mismo de siempre." Y coincido plenamente con estas sabias palabras. Aunque parezca la misma de siempre, la voz de Juan José Cuenca está en pleno proceso de cambio, de mudanza hacia nuevas etapas o compromisos vitales. Rasgos, los de la mudanza, los del cambio, que son muy patentes en una gran parte de los poemas del libro.
 
El poemario consta de 70 poemas que se suceden sin interrupción, sin que estén agrupados en varias partes. Esta continuidad, este camino sin pausa, ya nos da una idea de trayectoria sin etapas, de determinación hacia un lugar fijado en el horizonte. Y, según vamos leyendo, tenemos cada vez más la certeza que este Hotel Penumbra no es un lugar físico, un lugar de permanencia. Es un lugar de tránsito, como la vida. En el fondo, este hotel es la vida, la ciudad, las calles que nos acogen y nos zarandean con la verdad de la miseria o la mentira de la eterna belleza.
 
El primer poema "La ciudad primaria" ya nos conduce hacia esa idea de cambio, de cambio en ambos sentidos, en el físico ("Pero es otra ciudad. Con otros rostros y otros sueños. /Lo sé. Lo Presiento.") y en el espiritual ("Busco donde quedarme un momento, saboreando/cada haz gélido de esta tierra desconocida.") Y, aunque el siguiente poema se titula "Llegada", se tiene siempre la impresión de que, como en un hotel, somos huéspedes, gente de paso, que nuestro momento es temporal, que esa "llegada" es tan sólo un paréntesis dentro del viaje.
 
Por otro lado, en esta aventura de vivir y de cruzar el largo pasillo de la vida (donde dan todas las puertas que se abren y se cierran) el poeta se embarca en la búsqueda de sí mismo, la búsqueda de las personas que viven en él y, también, la presencia de las personas amadas; más concretamente, la mujer amada a la que se aferra, en la que se sostiene, para no caer derrotado, para no fracasar en esta lucha constante por dar consigo mismo, por ser fiel al cuerpo que le habita y su destino.
En ese pasillo (en el deambular por la vida y sus calles) ha aprendido que todo ocupa su lugar y que, como transito hacia el olvido:
"El pasillo permanece mudo de luces y señas.
A él me encomiendo, para retrasar mi destino."

Y como siempre, el amor aparece como tabla de salvación. Un amor que necesita del contacto, del roce, de la pasión; que nace desde el deseo de posesión, desde "tu grito callado rezumando lascivia". Dos personas que se sienten "abandonadas y huérfanas y hambrientas/ pidiendo sitio a la carne." Un amor que, como todos los que se cultivan bajo la presión de la pasión, se escriben a fuerza de encuentros y desencuentros.
 
Hotel Penumbra está escrito con un lenguaje, en ocasiones, descarnado y lejano de esperanza, con imágenes de tremenda fuerza expresiva: "atesorando gritos en monedas de hojalata", "El café hierve proclamando/ burbuja en grito su amargura"; y con versos de una exigencia expresiva que requieren del lector una lectura atenta, minuciosa, para que nada escape de ese torrente pasional, entregado, que cruzan los poemas de Juan José Cuenca.

Como muy bien indica el profesor García Morón en las Palabras Preliminares del libro: "este poemario está escrito en una etapa vital del poeta en estado de vuelta en la vida... es natural que sea su poemario más pesimista: una etapa vital en la que se resienten o destruyen vínculos de amistad y de amor, de creencias individuales y colectivas que ya no son tan firmes o que ya no existen..."
Pero ese pesimismo, en el fondo, es la razón por la que el poeta emprende ese viaje metafórico a otra esa ciudad que, siendo la misma, necesita ser distinta. A esa necesidad que tiene el poeta de cambiar las claves de su existencia y de sus creencias. En ese viaje, en esa llegada al Hotel Penumbra, reside la esperanza del poeta, la prolongación de ese camino que es la vida. Pues como rezan los dos últimos versos del libro:
 
"Soy un jinete sin montura ni bridas.
No hay otro misterio." 

jueves, 11 de enero de 2018

Sobre LA SEMILLA DEL ÓXIDO, de José Luis García Herrera

La semilla del óxido, de José Luis García Herrera, Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández 2017, ofrece una poesía torrencial, profusa en imágenes. Por el escritor y articulista Javier Puig. Reseña extraída del diario digital Mundodiario.

La semilla del óxido, de José Luis García Herrera, Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández 2017, y publicado por Devenir, nos ofrece una poesía torrencial, profusa en imágenes que, sin espacios vacíos, con apenas pequeños detenimientos, sostienen lo inexplicable, barruntan lo que no se puede postergar, la incidencia del yo, el pronunciamiento biográfico. Sus poemas están concebidos desde la irrupción en “el tiempo lento de las confesiones.” O no tan lento, porque los poemas avanzan con fluidez, pletóricos de palabras, desde una aparente facilidad que no es precipitación sino la honestidad de atender el sentimiento más acuciante y consolidado. Transitan a través de sus versos palabras clave como: óxido, cristal, hielo, memoria, muerte, lluvia, olvido, fracaso, agua...



Estamos ante un viaje que da como resultado la composición de amplias representaciones de lo que aún se ha sido, mapas que no nos indican los espacios sino las solicitudes del tiempo: “En esos momentos de luz interior/ escribo varias notas desordenadas:/ mínimos apuntes/ surgidos de la emoción del instante.” Es el recorrido largamente introspectivo: “Conozco mis limitaciones, mis heridas, mis derrotas.” Y es que hay una preponderancia absoluta del yo que busca el nítido reflejo en la sucesión de unos versos obstinados, un continuo juego en torno a la propia identidad, un enfrentamiento con los sucesivos motores del ser, a veces confusos para el hombre vehemente: “Perdí la vida buscando a aquel que no fui.”

Nos encontramos ante una poesía testimonial, el autorretrato de unos precedentes que se arrastran. Se trata de consignar los acumulativos resultados del ser a través del repaso de actos que a veces fueron fundacionales. ”Solo sé que anhelo conocerme a mí mismo”, y  todo este poemario es un ejercicio de acercamiento a la consecución de esa meta. Aunque pueden ser muy duras las miradas hacia las imágenes retrospectivas y su postrera valoración: “Me he equivocado demasiadas veces”. La vuelta al suceso interior a veces es amarga: “Regresar a la noche de ayer es tributo al fracaso”.  El poeta vive “ebrio de temor y dudas”, “con los pies en los gélidos eriales de la nada/ al borde las oscuras aguas del fracaso”. La idea es asumir la tal vez necesaria existencia de la derrota: “Construyo mi derrota, con esfuerzo,/ y copio mi soledad en todas las horas que perdí.”

Esta poesía no está exenta de la contradicción resultante de estar muy viva. Así, cuando habla de sí misma, de su propia pertinencia. A veces, el logro de los versos es insuficiente agarradero: “En el naufragio me sujeté al mástil roto de la poesía”. Pero, en Contra el olvido se dice: “El tiempo nos vencerá, sí; pero este poema/ quizá nos reviva en la llama de otros labios.” Pero ese instante supremo es fugaz: “…Las falsas/ ilusiones de un poema que explicará la vida…Pero las palabras no me salvarán. Nadie me salvará.”

Y es que: “Escribir – en cierto modo, /es esa necesidad de acercarnos al dolor-/ abre heridas invisibles / que intentamos cerrar  con esas palabras / que jamás dan la exacta medida / de lo que deseamos expresar.” Alguna rara vez uno puede descansar en la conclusión, aunque esta sea tan ambivalente: “Al fin, soy nada más que alma en pena/ con tiempo hipotecado, deudor/ de un amor de mujer que no merezco,/ afortunado aprendiz de poeta/ que halló la felicidad haciendo lo que más quería: / amar, ser amado y escribir.” Pero lo habitual es poder alcanzar tan solo piezas aisladas, esparcidas por la inmensidad mayoritariamente cerrada a una comprensión definitiva. Y, mientras tanto, auparse un poco, aunque sea desde la digna reclinación de una “voz quebrada / por los días lejanos del óxido y la escarcha.” Porque: “La vida no es un refugio para la subsistencia; que el tiempo / no es la suma de vacíos, perdones y derrotas.”

La semilla del óxido es poesía intensa, rica en imágenes de una contundencia y una belleza muy logradas: “Fui fragmento del sol /sobre el hielo de los anocheceres”. Nunca se acerca a lo prosaico sino que se mantiene en un lenguaje claramente ceñido a un lirismo lúcidamente propiciado. Estamos ante una valiente indagación del propio ser a través de la tenaz búsqueda de la palabra que marca las sendas tenues donde cabe la ardiente evidencia, la íntima extrañeza y los finos sesgos de la claridad: “Sabré que estuve ahí, que ahí me detuve/ que un poema dio sentido a mi vida, que aprendí / el lenguaje de los océanos y la razón oscura / que viste de azul el horizonte de la brújula.” José Luis García Herrera demuestra oficio e inspiración, lo que deviene en un poemario en el que menudean excelentes destellos poéticos. 

viernes, 29 de diciembre de 2017

ATÓPICA, de Álvaro Giménez García

El poemario ATÓPICA, del poeta alicantino Álvaro Giménez García, se alzó con el premio del XXXII Certamen Poético "Ángel Martínez Baigorri" en su edición del año 2015. Editado por el ayuntamiento de Lodosa al año siguiente, tuvo como miembros del jurado a Consuelo Allué, Marina Aoiz, Alfonso Pascal Ros y José Ortega. Quizá no fuera preciso mencionar al jurado (que creo que sí) pero en esta ocasión quisiera mencionarlo que conozco personalmente a Marina y a Alfonso, y conozco su valía como personas y como poetas. Y, más aún, su rigor crítico a la hora de evaluar tanto la poesía ajena como la propia.



Entrando a valorar los aspectos más importantes e interesantes de Atópica, habría que empezar por el subtítulo del mismo: (Versos atópicos para tema y personajes atópicos). Estamos pues, con  título y subtítulo, ante una apuesta muy clara de intenciones. Esto es, abordar temas tópicos de la cotidianidad y la literatura, desde la fina ironía, desde una mirada humorística y desde una postura crítica y escéptica ante situaciones que rozan, en ocasiones, el territorio del absurdo.
Poesía escrita con un lenguaje actual, fresco y dinámico; sin más pretensiones (que tampoco se pretenden) que la de abordar y replantear tópicos de una manera, como el autor nos propone, de manera atópica.

El libro está dividido en tres partes y un epílogo: Atopoi, Ab hominum rebus y Ab poetarum rebus.
En la primera se tratan temas más diversos o dispares, mientras que la segunda parte incide en temas relacionados con el hombre y la masculinidad (A destacar el poema "Es cosa de hombres..." como ejemplo de los personajes típicos y tópicos); y sobre los poetas y la poesía en la tercera de las partes.

La cita inicial del libro, de Julia Otxoa"El secreto de la poesía / pertenece más al náufrago que al navegante", ya nos propone o nos anticipa la intención del poeta. Esto es, la poesía no es gobernable y sólo tienen acceso a ella los que más la necesitan. Luego, que nadie se jacte de dominarla, pues caerán en el tópico de esos poetas que hablan sin decir nada y de los que debemos alejarnos sin miedo
"porque,
aunque ellos no heredarán la tierra,
ni ganarán el cielo,
a ti,
si los escuchas,
sí te condenarán al infierno." 

                                (Álvaro Giménez García)


Amén de los poetas que aniquilan la poesía y debemos evitar a toda costa, Álvaro Giménez también aborda temas como el de la vanidad y la fama, los clichés del cine, la vida retirada en insulsos anonimatos, las amas de casa que viven más tiempo fuera de casa que en ella, los economistas como gurús de este inicio de siglo, las relaciones entre hombres y mujeres...
A destacar, entre los temas, los relacionados con la poesía, con los poetas, con los hombres y, naturalmente, con las mujeres. Si en el poema aludido, "Esos poetas que hablan...", se crítica irónicamente a esos poetas que se creen dueños de las palabras y del lenguaje hasta agotarlo, en el poema "Vanitas vanitatum" ahonda en esa vanidad que poseemos la inmensa mayoría de los poetas de ser reconocidos y premiados, primando en ocasiones más el deseo de ser premiado que el propio premio de escribir poesía. O, como en "Revisión del "Locus amoenus" de la playa de mi memoria", el exceso que sufrimos los poetas por idealizar la infancia hasta límites extremos:
"Son muchos los poetas
que se llenan la boca y manchan los folios
con el eterno retorno a una infancia dorada."

En cuanto al mundo de las mujeres, y a su conocimiento sobre el pensamiento masculino, el poema "Diagnóstico preciso del alma masculina" es un espléndido poema y un manual antológico de la típica clasificación del arquetipo masculino y de la manera que tienen las mujeres de conocernos, ubicarnos y manejar la situación. Y en el poema "Las mujeres y las letras" el poeta reconoce, como lo hacemos la gran mayoría que, pese a nuestra constante difusión de nuestro amor por las letras, las mujeres lograrán siempre estar por encima de esa pasión. 
"En ello, pongo todo mi empeño,
a sabiendas de que
si bien las letras me acompañarán siempre,
no habrá ni una sola que pueda reemplazar
el luminoso y homérico roce de una piel
que cualquier mujer haya podido regalarme nunca."

En el prólogo del libro Luisa Pastor habla sobre el escepticismo en la mirada del poeta de hoy (en palabras de la poeta polaca Wislava Szymborska) y enlaza la poesía de ambos porque "les une la ironía, el humor, la sorpresa ante un mundo complejo del que los poetas como ellos dan cuenta con asombrosa sencillez y desparpajo. Sus poéticas revelan, asimismo, la reivindicación de las cosas nimias y de la sonrisa." Coincido plenamente con estas palabras y esta opinión sobre la poesía de Álvaro Giménez García. Aunque, entre ironía y sonrisa, en ocasiones se revelan verdades y miserias que se enmascaran o se eluden. Como ocurre en Atópica.

domingo, 17 de diciembre de 2017

LA SEMILLA DEL ÓXIDO, presentación en Orihuela

El pasado sábado 18 de noviembre, en el Auditorio de la Lonja de Orihuela, tuvo lugar la entrega del premio de poesía "Miguel Hernández-Comunidad Valenciana 2017" a mi libro "La semilla del óxido", publicado por la editorial Devenir de Madrid.
 

                                                    

    (portada del libro "La semilla del óxido")


El acto, organizado con excelente maestría por el grupo Artístico Auralaria, fue presentado por Ángeles Vidal Guevara.
Se inició con una apertura musical a cargo de Luisa Pastor (voz) y José Jimeno (guitarra) que interpretaron una excelente versión del tema "Boca".


                          (Luisa Pastor en plena interpretación)

Acto después el Director de la Fundación Miguel Hernández, Aitor Larrabide, me hizo entrega de la estatuilla conmemorativa, con un hermoso busto del poeta oriolano e universal.


                     (Aitor Larrabide y José Luis García Herrera)

A continuación leí una breve selección de poemas de "La semilla del óxido", escogiendo un poema de cada una de las seis partes en la que está compuesto el libro. De los poemas elegidos, "Puertas cerradas" fue uno de los poemas más celebrados por el público asistente.

PUERTAS CERRADAS

He cerrado la puerta,
en la soledad de cuatro paredes
no hay secretos, ...
      J. M. Soriano Degracia
Desde la trampilla del olvido alcanzo la senda
que conduce hasta la puerta maciza del destierro.
Llego hasta la puerta. Justo hasta la puerta.
Tengo miedo de abrirla y traspasar su umbral;
miedo de enfrentarme a mis miedos, a mis dudas, al frío...
Conozco demasiado bien mi ciudad, mi calle, mi sombra,
mi silencio, la pesada cruz de mi silencio...
Escribo palabras que hurgan en mi mesa, en mis cajones,
en mis páginas de lluvia, en mis días de lluvia...
Mi mano se posa sobre el pomo y aprieta con firmeza,
pero no lo giro hacia abajo ni empujo hacia fuera.
Un gramo de valentía o una libra de descaro
podrían cambiar la visión de mi historia y su rutina,
podrían enseñarme otro modo de ver las cosas.
Pero temo no saber adecuarme a los cambios. Temo
dejar en ese trance la esencia de lo que soy,
la cruda ausencia de lo que fui.
Conozco mis limitaciones, mis heridas, mis derrotas...
Mi vida es una película de sesión continua,
un lugar anónimo donde nada ocurre,
una voz que envejece en segundo plano,
un hombre que no aparece en escena,
una huella sólida
escrita con palabras de invierno
tras las puertas cerradas.

Después de mi lectura poética el poeta Álvaro Giménez, parte integrante de Auralaria, me hizo una entrevista sobre el escenario donde fuimos desgranando claves del libro y de mi personalidad poética (una arista más de mi personalidad global como ser humano). Fue una entrevista cálida, una charla distendida entre dos amigos que hablan sobre la vida, la poesía y sus conjuntos.

 
(Álvaro Giménez y José Luis García Herrera)

Cerraron el acto Luisa Pastor y José Jimeno con una excelente interpretación de una pieza titulada "Luna" donde declamación y canto se fusionan para exaltar el don de las palabras.


                              (Luisa Pastor y José Jimeno)

Aquí os dejo un breve resumen del acto, realizado por Televisión Vega Baja, que recoge los momentos más importantes y destacables del acto.

jueves, 14 de diciembre de 2017

PERPLEJIDADES Y CERTEZAS, de José Luis Zerón Huguet

En este nuevo libro de José Luis Zerón Huguet, Perplejidades y certezas (Ars Poética, 2017), el poeta oriolano vuelve a sorprendernos con una obra de gran madurez y versatilidad. Fiel a una concepción poética ajena a cualquier tipo de moda o corriente artística, Zerón Huguet establece una visión de la poesía, de la vida, de la naturaleza... con el sello personal con el que ha ido labrando una sólida obre literaria. Este libro, pues, viene a consolidar esa filosofía de entender el hombre como engranaje del paisaje telúrico que le rodea; esa fusión entre mirar, compartir y proteger; ese pasar por la vida añadiendo luz y vida, respetando los ciclos del ser, estar, amar, recordar y desaparecer.


                                                            (José Luis Zerón Huguet)

Los poemas, escritos en una prosa poética que destila más poesía que prosa y que se leen con aliento y alma poética, abarcan, principalmente, tres grandes líneas. Una de ellas, sería la referente a la creación poética, a ese camino doloroso del poeta que ahonda en su interior para plasmar unas emociones, unas ideas, unas emociones... que precisan marcar una manera de ser y de expresarse, una manera de entender la vida y su contexto, un modo de ubicarse en la rueda del mundo.
 
La segunda sería la celebración de la vida, con todo lo hermoso y lo devastador que supone vivir y sumar años y vida sin sucumbir en los duros momentos que se habrán de enfrentar y superar. En este sentido, son especialmente bellos los poemas dedicados a sus hijos Salutación y Vínculo. En Salutación el poeta le dice a su hijo: "Cuanto más ames mayor será tu sufrimiento, per no temas: la angustia también tiene sus esplendores". En Vínculo, Zerón Huguet aconseja a su hija que no se acostumbre a la rutina, que no sea una persona conformista: "No huyas de la pasión, no hay que temer las selvas vírgenes; aléjate, en cambio, de los territorios fijos".
 
La tercera gran línea sería la admiración y la revelación ante la grandeza de la naturaleza. Amante de la tierra oriolana, Zerón no sólo la canta en sus poemas, si no que la vive con apasionamiento, perdiéndose por sus caminos y gozando de todos sus dones. En ese sentido, un gran número de los poemas de este libro, son parte de ese recorrido. La del alba, Espejismos de la mañana I y II, Espesuras... dan una idea precisa de esta poética donde hombre y naturaleza convergen hacia el interior de los bosques, hacia la búsqueda del sentido de vivir. Hermosos son los versos "Son muchas las moradas que habitamos y ninguna nos cobija" del poema Fuente sellada, o "A ninguna orilla pertenecen los que nunca colman sus deseos" del poema Centinelas.
 
Sobre estos tres ejes va componiéndose el entramado del libro Perplejidades y certezas. La vida como camino, como culminación de un proceso interior de asimilación de todas las adversidades (la sequía, el fuego, la muerte...); la vida como paso del útero a la nada moviéndonos dentro de la muralla de la muerte, alrededor de la vida misma y sus contradicciones ("Evitas la audacia de una huida imposible: la fuga en el barro es un regreso precipitado", del poema La muralla). En este paso por los paisajes del mundo el poeta desea y debe dar testimonio de su paso y de sus circunstancias pese a que "Todas las distancias se reducen a un instante regresando del légamo", como nos dice al final del poema Testimonio. El libro termina con dos poemas Secuencias de una caminata del orto hasta el ocaso y Apuntes para una poética donde José Luis Zerón Huguet, con breves fragmentos, con aforismos, aborda una declaración de principios de sus intenciones a la hora de escribir poesía, a la hora de mirar lo que le rodea (como le enseñó su padre): "La retina es la matriz del hallazgo". También esa búsqueda del poeta por aquello que no es visible, que requiere la necesidad de ahondar en lo imposible: "El poeta sigue huellas invisibles en el desierto".
 
La lectura de Perplejidades y certezas es una singladura por los terrenos espinosos de la vida, un ejercicio de comprensión y de aceptación, la búsqueda de uno mismo entendiendo que la esperanza "es un engañosa amanecida" y que la oscuridad habrá de cerrarnos el camino, como esa muralla que no podremos superar. Y, pese a ello, naturaleza, vida y poesía son motivo de celebración.