sábado, 6 de marzo de 2010

PRAGA Y HOLAN

En ocasiones buscamos una ciudad para perdernos y, en ocasiones, nos perdemos en una ciudad no buscada. Son jugadas del destino o, sencillamente, casualidades del hecho de vivir. Yo busqué la ciudad de Praga y, desde entonces, no sé si por fortuna o por azar, o ambas o ninguna, Praga va buscándome a través del tiempo y las palabras. O quizá. por esa sintonía interior con una ciudad que me cautivó desde antes de habitarla, toda información relacionada con Praga tiene un hondo calado en mi devenir afectivo. Sea como sea, esta mañana, mirando unas notas escritas hace años apareció el nombre de Vladimír Holan, poeta checo, alma poética de Praga, de aquella Praga que viví hace ya mucho tiempo, quizá ya demasiado tiempo. Y es imposible hablar de Praga y de poesía sin que aparezca la figura y la obra de Holan. Y, aunque podríamos entender la idiosincrasia de Praga sin leer a Holan, cuando se lee a Holan la capital checa aparece ante nuestros ojos de otra manera. Como más humana, más desnuda y esencial. Así, de ese modo, yo recorrí algunas calles de Praga con el poso de la poesía de Holan. Al margen de toda la belleza monumental de la ciudad (que es una gran parte de la ciudad, todo sea dicho) hay una ciudad interior, más austera, más proletaria, más llagada por la historia reciente y las heridas de la represión. Y Holan, en mi humilde entender, reúne en su obra esa visión, esa percepción de un mundo que vive entre sus ansias de derribar muros y fronteras y el dolor de sus antiguas heridas. Así que, después de pensar en Holan, de releerle, de revivirle, os dejo aquí dos poemas. El primero es el bueno, el de Holan. El segundo, el mío, es un poema que apareció en mi libro Mar de Praga y que brinda un humilde, y merecido, homenaje a Holan.

Cuando llueve en domingo y tú estás solo,
completamente solo,
abierto a todo pero no llega ni el ladrón;
y no llama a la puerta ni el borracho ni el enemigo;
cuando llueve en domingo mientras tu estás abandonado
y no comprendes cómo vivir sin cuerpo
y cómo no vivir puesto que tienes cuerpo;
cuando llueve en domingo y, solo, no eres más que tú,
¡no esperes ni hablar contigo mismo!
Entonces el ángel es el único que sabe
lo que hay encima de él,
entonces el diablo es el único que sabe
lo que hay debajo de él.

El libro sostenido, el poema al caer...

Versión de Clara Janés


EL CUARTO DE HOLAN

nosotros sentimos miedo y no sólo en la oscuridad,
Vladimír Holan

Estuvo ahí. No sé tras que vetnana,
tras qué cortina o tras que árbol...
El Moldava corría con la armonía de su existencia,
componiendo la rotunda verdad de cuanto pasa,
de que todo pasa, río abajo, sin que logremos paparlo.
La vida impuso soledad entre sus manos. La soledad
vertió luz interior entre sus versos. La luz
retrató la música del alma entre caballos de sombra.
Estuvo ahí. No sé
si recluido en las horas del miedo
o con la libertad serena de la voz humana
fiel a su conciencia.
Conoció la vida, escribió el dolor y cerró la puerta.

José Luis García Herrera

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