sábado, 29 de junio de 2013

UNA QUASI POÉTICA

Hace unos años, en el 2007, me solicitaron una poética para una revista. Escribí, en aquel entonces, la poética que os muestro a continuación. Navegando por los mares de internet he vuelto a toparme con ella. La he leído y, pese al tiempo transcurrido (quizá no mucho, quizá demasiado) continúo siendo fiel a lo que escribí en aquella ocasión. Nunca he sido muy amigo de poéticas -y más de la poesía, de lo que quedó escrito, leí e interpreté-, ni tampoco he creído demasiado en la teorías. Pero, en fin, esta es la reflexión que hice en su momento y considero que aún, todavía, es válida.


UNA QUASI POÉTICA

Un día, una tarde de verano, hará unos veinte años, cayó en mis manos un ejemplar del libro Historia del corazón, de Vicente Aleixandre. Descubrí entonces (lo que considero) la verdadera poesía, o la poesía como un ferviente cántico a nuestra condición humana (y por tanto afectiva), a nuestra calidad terrena (y mortal, a nuestro pesar), a la solidaridad con uno mismo y con los demás (especialmente con los demás) que nos ayuda no sólo a comprendernos —a comprender nuestra circunstancia vital— sino a formar parte de esta historia temporal que nos ha tocado vivir. La poesía trasciende (o debiera) a la anécdota y a la estética, supera (o debiera) toda trinchera de egoísmo y reivindica, desde el plano personal, la pluralidad. A través de una visión particular, sí, pero con afán de revelar los sentimientos profundos del ser humano e injertarlos en la sensibilidad de los demás, de todos aquellos que se acercan —o no— a la reflexión interior que ofrece el poema. El poema debe (y se le exige) rebasar las barreras del tiempo —siendo fiel a su época— y mantener un trasfondo vivo y vibrante que roce y despierte la fibra sensible —la humanidad, la conciencia— de quien lo lea, no importa dónde y cuándo.

No sé si el poema nos encuentra o lo buscamos. El poeta se enfrenta al papel con la necesidad de volcarse, con la fuerza y la entrega de una lucha, con el sufrimiento de quien nace y muere a un tiempo. Una lucha que no siempre encuentra su victoria. Y cuando ésta se produce, siempre nos queda la duda de si el poema nos encontró o le dimos alcance.

Hace un tiempo escribí estos versos que concentran en sí, creo, con ajustada precisión lo que considero, hasta la fecha de hoy, una “quasi” poética:

“El papel reclama el salitre de tus poemas, la contienda
que emprendes con las derrotas aprendidas, cómplice
de esta noria de los sentidos, sed de vida
que deshaces en tinta china hasta atragantarte.”

                                        (José Luis García Herrera en Sant Andreu de la Barca)

lunes, 27 de mayo de 2013

EL FRUTAL DEL ADIÓS, de Guillem Vallejo


Este próximo miércoles 29, en el Ateneu Barcelonès, presentaré el libro El frutal del adiós (Parnass ediciones), del amigo y poeta, o viceversa, Guillem Vallejo. Este es un libro que, aunque escrito por Guillem, también es parte de mi biografía sentimental, pues hay en él varias cosas que nos unen y nos unen en el tiempo, a través del tiempo, y a pesar del tiempo. Es un libro en el que Guillem trabajaba en las fechas en las que presentamos la antología Los nuevos poetas (seuBa 1994) y para la cual pudimos contar con la presencia y el respaldo entusiasta y desinteresado de dos grandes poetas: Ángel Crespo y José Corredor-Matheos. Es un libro, el de Guillem, que ha ido madurando y ampliándose como el buen vino; un libro que aparece cuando el autor, como el ave que aparece en la portada, siente la necesidad de liberarse de él, de publicarlo, de cerrar el círculo definitivamente. Es un libro muy cercano a mí, muy próximo. Recuerdo cuando nos reuníamos un pequeño grupo de poetas con muchas ganas y mucha inexperiencia y hablábamos de nuestros libros, de nuestros proyectos. En aquellos años, a mediados de los noventa, este libro era el gran proyecto de Vallejo, del que hablaba con énfasis y entusiasmo. Durante estos años, en diversos recitales, nos ha ido entregando alguno de estos poemas, hemos disfrutado de su belleza y de su profunda reflexión sobre la vida. Espero, este miércoles próximo, saber plasmar una pequeña idea de la belleza de este libro. Si lo consigo, me consideraré satisfecho. Os dejo uno de los poemas antológicos del libro, quizá uno de los más conocidos, un poema que siempre me deja una sonrisa en los labios:

UN NIÑO PELEA FRUTA,
marea la merienda,
combate a mano armada
la piel con el cuchillo.
Pela la fruta dirán,
y se equivocan.
Crecer es siempre una guerra
a muerte con el cuerpo.
Hay que quitarle la piel
a la amarga memoria,
rescatar su dulzor a fuerza
de lides de ternura.
El hueso es la constancia
de que existió esa lucha.

martes, 9 de abril de 2013

EN CAMBRILS, ÉRASE UNA VEZ...

... que, con la compañia del poeta Carlos Vitale, hicimos un alto en la carretera para comer y charlar con los grandes poetas Ramón García Mateos y Juan López-Carrillo. El motivo del viaje era la presentación, en Benicarló, de mi libro "Las huellas en el laberinto", con el que había obtenido el premio de poesía "Ciudad de Benicarló" un año antes. Carlos Vitale era el encargado, con sus sabias palabras y su amistad, de presentar mi libro en sociedad. Este encuentro ocurrió en Cambrils, en el restaurante "Duomo", un 16 de febrero de 2008. Ha llovido algo, pero tampoco demasiado. Son, ellos, mis amigos, 3 excelentes poetas. De Carlos Vitale siempre recomiendo leer su libro "Unidad de lugar", publicado por Candaya. En ese libro se concentra la mejor y exquisita poesía de Carlos. De Juan López-Carrillo, también publicado en Candaya, "Los muertos no van al cine", título que, de por sí, ya da una idea del particular mundo (y sorprendente) de este poeta. De Ramón García Mateos, quizá porque lo tengo dedicado, destacaría el libro "Morfina en el corazón". Tres grandes poetas, tres voces singulares. La comida transcurrió de manera excelsa, como debe ser. Con buena conversación (se habló poco de poesía, como corresponde, y mucho de mujeres), buen vino y copa final para redondear la buena sintonía de la reunión. Un día inolvidable y marcado con un círculo rojo en el corazón.

(de izda.a dcha: Ramón García Mateos, José Luis García Herrera, Carlos Vitale y Juan López-Carrillo)

domingo, 17 de marzo de 2013

XX PREMIO DE POESÍA PEÑARANDA DE BRACAMONTE

El pasado sábado 16 de marzo, en el Teatro Calderón de Peñaranda de Bracamonte, dentro del marco del Pregón de Semana Santa y Acto de Entrega de Premios de Poesía, tuve el honor y la fortuna de recibir, de manos del Sr. Moisés Pérez. Presidente de la Hermandad de Cofradías, el Primer Premio de Poesía convocado y organizado por dicha Hermandad. El premio fue para mi poema "Eram quod es, eris quod sum". Durante el acto tuvo lugar el Pregón a cargo de la historiadora Montserrat González García y el accésit del premio de poesía fue para la poeta italiana Estefanía Di Leo.
Después del acto, en el coqueto y cuidado Teatro Calderón, se celebró una Cena Literaria en el restaurante "Las Cabañas", donde una semana antes se había reunido el jurado para el fallo del premio. Tuve la inmensa fortuna de compartir mesa con los miembros del jurado del premio, charlando sobre poesía, sobre literatura en general y sobre lo divino y lo humano. El jurado de este año lo formaban: Antonio Colinas, José María Muñoz Quirós, José Pulido, Alfredo Pérez Alencart y José Ignacio González. Los dos poemas ganadores, más 15 poemas finalistas, aparecerán publicados en un libro conmemorativo de la edición de este año.


 (de izq. a dcha., José Pulido, Antonio Colinas, José Luis García Herrera, José María Muñoz Quirós y José Ignacio González)

sábado, 5 de enero de 2013

VACÍA LUZ, de José Manuel Soriano Degracia


    En ocasiones uno tiene la suerte, o la fortuna, de recibir una joya en forma de libro de poesía. A mí me ha sucedido con Vacía Luz, del poeta aragonés José Manuel Soriano Degracia. Le conocí hace ya algunos años, en Sant Andreu de la Barca, cuando vino a recoger el premio de poesía que convoca dicha población catalana. Ya entonces, en aquel primer encuentro, supe que estaba ante un joven poeta llamado a escribir grandes libros. Y creo, sinceramente, que no me equivoqué. Vacía Luz tiene la virtud de congregar entre sus páginas una poesía que nos conmueve y nos agita, que nos lleva a la reflexión y a la contemplación de todo lo que nos rodea con su dosis de desaliento y de esperanza.
   En el prólogo de Isaac Páez Catalán (a quien hay que agradecer que emplee, con acierto, la máxima de "lo bueno, cuando breve, dos veces bueno", pues expresa lo realmente significativo del libro sin recrearse en una especie de erudición vacía, como en la mayoría de ocasiones o prólogos innecesarios) alude a los aspectos de cierta línea contemplativa que lo acerca a un plano de la poesía oriental y, por otro, esa desnudez, esa luz en el vacío, donde el poeta libera sus sombras y plasma con rotundidad, el interior de toda (la suya y la de todos) condición humana. Desde ese hermetismo inicial en el cada uno vivimos, como el extranjero que recién pisa tierra extraña, el poeta se va abriendo camino a través de la memoria, o del olvido recuperado, para regresar, o comprender, al mundo que el poeta descubre tras ese regreso, o tras cerrar -con palabras de fuego y de óxido- la cancela del poema.
   Cada poema de este libro es un hallazgo. Los poemas se leen con cierto desasosiego y se releen con el placer de la sabiduria escondida entre líneas. Y, todos, sin excepción, invitan a una reflexión sobre la vida, sobre el paso del tiempo, sobre lo que somos, o fuimos, o deseamos ser o dimos en fracaso. La escritura en este libro, más allá de una huida, de una fractura, es un encuentro, o un reencuentro. Hay algo de salvación, como el nadador que busca conchas en el fondo del mar y agota la respiración hasta el último punto, hasta coger esa ansiada concha -la escritura del poema- y buscar la superficie con todo el ahínco para exhalar esa bocanada de aire que nos devuelve a la vida.
   Estamos, pues, ante un libro que nos abre un camino alrededor de la existencia, en ambos planos, como artífices de esta rueda que gira sobre nuestros actos y nuestra conciencia (de ser y de estar) y como espectadores de esta tragicomedia donde damos en vivir y escribir, cuando podemos y acontece.
   Os dejo uno de los poemas más significativo del libro, Promesas.

Promesas

Prometí volver a la playa de Dieppe
a ser otra vez el hueco
que cosió la sal en sus guijarros,
a sentirme tan minúsculo como un hombre
y tan infinito
como aquella puesta de sol
que encontré desgajada en los charcos.

Prometí volver a pasear
bajo la noria vacía,
bajo cada uno de los giros
que,
cercados al compás de un viento azul
liberaban al mundo
en la imaginación de mi viaje.

Lo prometí y así lo hago,
en este trozo de papel
donde desprendido de luz
todo recuerdo
se alumbra en las palabras

domingo, 16 de diciembre de 2012

POEMA DE NAVIDAD PARA TIEMPOS DIFÍCILES

Cuelgo en este blog, aunque es posible que no sea la última entrada de este 2012, el poema que he escrito para felicitar las Navidades a familiares y amigos. Aquí os lo dejo, para todos aquellos que visitéis este blog durante estos días, deseándoos a todos una muy Feliz Navidad y un (aunque se prevé duro) Feliz Año 2013.


Poema de Navidad para tiempos difíciles
 
Mirando hacia el mar de las estrellas
cierro los ojos, alzo las manos y pido un deseo:
"Que la intensa luz de un nuevo año
nos proporcione la fuerza y la energía
para dibujar en nuestro rostro la energía
que nos iluminó en Navidades de antaño.
No dejemos que nos invada el desengaño,
ni que nos venza la tristeza día tras día;
seamos héroes con el valor y la osadía
para hacer felices estos días extraños.
Unamos manos y esfuerzos en esta travesía
contra los que nos llevan como a un rebaño
que anda siempre con el gesto hosco y huraño
de quien perdió la fe en tiempos de rebeldía."
Mirando hacia el mar profundo de vuestros ojos
alzo mi copa al cielo y brindo por vuestro triunfo.
Por los que amo y quiero y sois la luz del mundo.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

CARLOS FENOLL - ANTOLOGÍA POÉTICA


He tenido (o tuve) la inmensa fortuna de que el poeta oriolano José Luis Zerón Huguet haya contado con mi modesta colaboración en la antología comentada del poeta Carlos Fenoll, amigo de Miguel Hernández, panadero y en cuya tahona se celebraban las conocidas tertulias de aquellos jóvenes poetas que dinamizaron la vida literaria de Orihuela en los primeros años de la década de los treinta.
La edición ha ido al cuidado de mi buen amigo, del excelente poeta, José Luis Zerón Huguet. Suya es la idea de llevar a cabo una antología con un enfoque diferente. Esto es, que un nutrido grupo de escritores (oriolanos o vinculados a Orihuela) plasme su visión personal sobre uno de los poemas más representativos de la obra de Carlos Fenoll. Surge, por tanto, una antología de mirada caleidoscópica, que aborda la figura y la obra del poeta desde ángulos muy distintos, desde prismas que centran su análisis en aspectos métricos y formarles, desde posiciones que abogan por un acercamiento a través de las emociones que los poemas provocan tras una atenta lectura..
Zerón Huguet, en el prólogo del libro (en la Justificación), nos muestra a Carlos Fenoll de una manera muy real, muy cercana. No trata, y se agradece que así sea, de mitificar al poeta, de colocarlo en un plano idílico que no corresponde. Todo lo contrario, nos acerca al hombre, al poeta que vive con sus conflictos personales, con sus deseos y sus carencias, con la aceptación de sus limitaciones. De esta manera se comprende mejor, se entiende perfectamente, la trayectoria vital y literaria de Fenoll. El análisis literario y humano de Zerón Huguet demuestra su conocimiento sobre el poeta, sobre la época que vivió, sobre las circunstancias que llevan a que su trayectoria creadora tenga altibajos y contradicciones. Los escritores José Antonio Torregrosa Díaz y Luis Mariano Abad Merino trazan, y complementan las palabras de Zerón Huguet, unos apuntes biográficos que amplían la faceta humana de este poeta que compartió -y alentó- la aventura poética de Miguel Hernández.
Con esta antología se cierra la celebración del centenario del nacimiento de Carlos Fenoll. Una obra elaborada con mucho y cuidado por parte de José Luis Zerón Huguet y con una altísima calidad en los análisis y comentarios por parte de todos los colaboradores: Luis Mariano Abad Merino, Ramón Bascuñana, José Francisco Blas Sánchez, Javier Catalán, Alberto Chessa, Atanasio Díe Marín, José Antonio Fernández, Roberto Fernández, José Luis García Herrera, Manuel García Pérez, Álvaro Giménez García, Antonio Gracia, Joaquín Juan Penalva, Aitor L. Larrabide, Mateo Marco Amorós, Fulgencio Martínez López, Santiago Montobbio, José Antonio Muñoz Grau, Luisa Pastor, Antonio Peñalver Ortega, José María Piñeiro, Javier Puig, Pepe Rayos, José Luis Rayos, José Ruiz Cases, Eva Ruiz García, José Antonio Sáez Fernández, Fernando Sánchez Guzmán, Pascuala Sandoval, Engracia Sigüenza Pacheco, Ada Soriano, José Antonio Torregrosa Díaz.

Os dejo aquí el poema sobre el cual realicé mi comentario:

PRIMEROS VERSOS PARA MAGDA

Corona de los viejos son los hijos de los hijos.
(Proverbio 17-6)



¡Niña, como yo quería!
al fin el buen Dios me ha hecho
el don de hacerte venir
de los huesos de mis huesos.

Que mi edificio de amor
estaba triste, incompleto,
sin una golondrinita
que hiciera el nido en su alero.

Niña y trigueña, y bonita,
de brujos ojitos negros
y manecitas de seda
que imantan la luz del beso:
si está dormida son como
dos florecitas sin viento,
despierta, son mariposas
de un vivo y dulce aleteo.

¡Niña, mi nieta, qué bella
realidad de mi deseo!

Corona viva eres tú,
guapa, de mis años viejos,
luz nueva en mi corazón,
nueva pasión de mis versos.